lunes, 30 de marzo de 2009

De píxeles y sprites (1ª Parte)

Dista un universo entero entre aquel videojuego-prototipo de 1952 llamado OXO -que no era más que un simple "tres en raya"- a los juegos de ultimísima generación que hoy podemos disfrutar en ordenadores y videoconsolas. Aquella creación inicial, razón de un proyecto de fin de carrera de Alexander Sandy Douglas para su Universidad de Cambridge y que sólo se podía usar en el famoso y gigantesco EDSAC británico (Electronic Delay Storage Automatic Calculator), tuvo que esperar más de veinte años para que alguien se decidiese a apostar por un videojuego como forma comercial de ocio. No fue hasta bien entrado 1974 que vio la luz el primer arcade -máquina de videojuegos que funciona con monedas- de la Historia, el Computer Space. Fue también poco antes cuando se vendió la primera videoconsola doméstica, en Estados Unidos, y bajo el nombre tan rimbombante de Magnavox Odyssey, con licencia de Philips, publicando una serie de juegos muy parecidos entre sí: dos simples palitos blancos separados por una línea vertical sobre un fondo negro, y un píxel muy cuadrado que simulaba ser una pelota. Se trató del primer videojuego doméstico, era de tenis. Se llamó Pong, y causó furor. (arriba a la izq: Sonic, logo de Sega. / A la der: captura del juego Pong).

El mundo de los videojuegos es ahora una potentísima industria, con producciones que nada tienen que envidiar a las de Hollywood, y una tecnología que avanza a pasos agigantados. Lejos quedan aquellos tiempos en los que uno se limitaba a recorrer escenarios en 2-D, saltando, recogiendo cosas por el camino, o trataba de encajar piezas de diferentes formas y colores. Lo más curioso sea, quizá, que aquellos juegos, sin contar con los gráficos y efectos especiales de hoy día, el sonido envolvente, la jugabilidad casi infinita, y secuencias de animación y truculentas historias de los títulos de hoy día, eran muchísimo más jugados, más exprimidos y más disfrutados que cualquiera de los actuales. Con unos pocos sprites (gráficos simples que compuestos forman una figura o personaje) se animaba al protagonista de la historia, que al principio sólo reproducía dos o tres movimientos diferentes, caminaba, saltaba y golpeaba, se conseguían juegos más divertidos que ahora con modelos en tres dimensiones, mil efectos de luces, sombras, filtrados, suavizados, renderizados y todos los "-ados" que te puedas imaginar.



Los primeros sistemas de juego con los que tuve contacto, aparte de mi pionera -y preciosa- Atari 2600 (Atari, 1987) y su cartucho de 34 juegos en uno, fueron dos de las mejores consolas que tuvo nunca la marca japonesa Sega: la Master System 2, y la Game Gear. La primera, de un vecino, era una consola de 8-bit de tercera generación, que contaba con juegazos como el Alex Kidd In The Miracle World (Sega, 1986), que venía insertado de fábrica en la consola, y otros como el adictivo y dificilísimo Operation Wolf (Taito, 1989), en el que con una mirilla te encargabas de limpiar la pantalla de soldados enemigos -comunistas claro, no olvidemos que aún estábamos en la Guerra Fría- a tiro limpio, y que venía adaptado para jugar con la pistola de infrarrojos Sega Light Phaser, si eras el afortunado poseedor de una de ellas, que no era nuestro caso, con lo cual teníamos que jugar con los incómodos -ahora nos damos cuenta- y antiergonómicos mandos de la Master System, copiados de la Nintendo (NES). Por eso una vez, no sé cómo, nos hicimos con un Sega Control Stick, que era una gozada... siempre que fueras zurdo. Otros juegos que "requetetrillamos" en esta máquina fueron Asterix (Sega, 1991), o el Columns (Sega, 1990), que era un estilo al famosísimo Tetris. (arriba a la izq: Master Sysem 2. / a la izq: intro del Operation Wolf. / a la der: Sega Control Stick, ¿sólo para zurdos?)



La Game Gear (Sega, 1991), también de 8-bit, fue mi primera consola "moderna", puede decirse que fue a la que más jugué. Era una consola portátil y con sonido estéreo, con prácticamente la misma potencia que la Master System 2, contaba con una pantalla retroiluminada y completamente a color de 3,2 pulgadas, con menor resolución, pero mayor paleta gráfica -es decir, potencialmente mejor calidad gráfica-, todo un hito de la tecnología doméstica por entonces. Tan sólo sus predecesoras, la Atari Lynx y la Turbografx se le acercaron un poco, pero no tuvieron ni la calidad ni la dedicación completa de una multinacional como Sega. Su desarrollo llegó a cotas tan altas entre 1991 y 1997, que incluso se puso a la venta un adaptador para sintonizar la Tv en la consola. Su principal defecto era el elevado consumo de energía (6 pilas AA en menos de 4 horas), con lo que se puso a la venta un transformador para conectarla a la red eléctrica. Fue la primera maravilla de la ergonomía de Sega, junto con el mando de control de la Mega Drive (Sega, 1990). Los juegos que tuve en esta genial consola fueron el excepcional y vertiginoso Sonic The Hedgehog (Sega, 1991), que se haría tan famoso que desbancaría a Alex Kidd como logotipo-mascota de la marca nipona. Incontables las horas que pasé recogiendo anillos, esmeraldas, y flipando con las coloridas y ruidosas bonus stage. La banda sonora de este juego debería haberse editado y puesta a la venta (aún recuerdo la fantástica melodía de la fase de la jungla). Más tarde me hice con el Devilish, una versión demoníaca del clásico "blockbreaker" o rompeladrillos, con el imposible de terminar -creo que sólo lo conseguí una vez- Indiana Jones & The Last Crusade (Lucasfilm, 1990), y el rey de reyes de esta consola, Wonderboy 3, The Dragon´s Trap (Sega, 1989-1991), un juego de rol puro y duro, con uno de los mejores argumentos de la historia, y horas y horas de juego interminable. Otros juegazos de la Game Gear que tuve en mis manos fueron el clásico de velocidad Out Run (Sega, 1986-1991), donde tenías que conducir a 290km/h tu Ferrari rojo descapotable por las carreteras de Coconut Beach, el trepidante G-LOC: Air Battle (Sega, 1991), donde pilotabas un caza de última generación, o el entretenido Ninja Gaiden (Tecmo, 1991), juego de plataformas y acción con samurais y ninjas de por medio, al más puro estilo Shinobi. Otro que recuerdo bien fue el Jurassic Park (Sega, 1993), fiel reproducción de la historia de la película, que arrasaba por entonces hasta en la sopa. (arriba izq: Game Gear. / a continuación, der: carátula de Devilish. / a continuación, izq: carátula Indiana Jones. / sobre estas líneas: captura de Wonderboy 3).

Pero los tiempos cambian, todo evoluciona, y era la época que dominaban las todopoderosas consolas de 16-bit, la Super Nintendo y la Mega Drive de Sega... pero eso es harina de otro costal, que ya escribiré en una futura entrada. Por ahora sigo disfrutando de mis recuerdos con algún emulador para PC de la Master System o de la Game Gear.







martes, 24 de marzo de 2009

A cinco días de la incertidumbre

Se cuentan con los dedos de una mano los días que faltan para el primer Gran Premio de Fórmula 1 de la temporada 2009, una de las más interesantes -por no decir la que más- de la última década. Y quizá me quede corto, porque desde los cambios introducidos en la F1 a raíz de la muerte de Ayrton Senna en 1994; hasta este 2009; jamás una temporada del gran Circo había levantado tanta expectación. Son multitud las novedades y modificaciones introducidas que vamos a poder ver en el circuito semi-urbano de Albert Park, en Melbourne (Australia) el próximo domingo. Cambios, que por estar concentrados en la transición de una temporada a otra, hacen de ésta que está por comenzar la más emocionante, como dije, de los últimos años.

Las principales novedades, tal y como avancé en mi anterior entrada sobre la F1, son respectivas a los monoplazas, y son básicamente tres: la total ausencia de ayudas a la aerodinámica del coche que no sean el alerón delantero o el difusor trasero, el regreso de los neumáticos tipo "slick", y la incorporación del sistema KERS.

Todos esos "apéndices" externos de la carrocería que ayudaban a mantener el coche pegado al suelo quedan eliminados, y sumado a que se vuelven a usar los neumáticos "slick" -completamente lisos, y que tienen mucha mayor capacidad de agarre o "grip"- en sustitución de los acanalados que se venían empleando hasta ahora, proporcionan una especie de regreso a los viejos -y dorados- tiempos de la Fórmula 1, donde las leyes de la física pura predominaban ante las incipientes ayudas electrónicas o de aerodinámica. Se añade, sin embargo, la interesante posibilidad de que los pilotos, durante la carrera y desde unos botones y ruedas en el volante puedan mover unos milímetros el alerón delantero, para variar unos pocos grados el ángulo de ataque -la inclinación del alerón respecto a la horizontal del suelo- dependiendo de si necesitan más agarre (mayor ángulo de ataque), o si por el contrario, pueden conseguir más velocidad (menor ángulo de ataque), todo ello dependiendo del grado de desgaste de los neumáticos y de la zona del circuito en que estén rodando.

La otra novedad, quizás a priori la más llamativa para el público en general -sobre todo por la falsa propaganda que la FIA (Fédération Internationale de l'Automobile) hizo de él-, es la complicadísima incorporación en cada monoplaza del sistema denominado KERS. Antes de nada decir que es una medida optativa, y que no todos los equipos de la parrilla van a montarlo, de momento tan sólo Ferrari, McLaren-Mercedes, Renault y BMW lo tienen confirmado. El sistema KERS (del inglés Kinetic Energy Recovery System, o lo que es lo mismo, Sistema de Recuperación de Energía Cinética), pese a sus siglas futuristas, no es más que el sistema inverso al tradicional "freno eléctrico" de los autrobuses o de las locomotoras -el técnicamente denominado "freno regenerativo"- en el cual una parte de la energía cinética (de movimiento) se transforma en energía eléctrica que, inducida sobre el motor, provoca un efecto de frenado. Pues bien, en la F1 se tomó este sistema como punto de partida, para desarrollar el sistema inverso, un sistema que permita, tomando una parte del calor liberado en las frenadas, transformarlo en energía eléctrica que es almacenada en unas baterías, para luego, cuando el piloto pulse el botón correspondiente en el volante, consiga un aumento de la potencia y velocidad de unos 80 CV, durante 6 o 7 segundos por cada vuelta al circuito. (izq.: disco de freno de carbono de un F1 durante la frenada, al rojo vivo, debido a la fricción / abajo: vídeo-esquema del KERS)







Yo soy un tanto escéptico en la eficacia, o al menos, la necesidad de este elemento en la F1. Su principal impulsor es la FIA, con lo cual de entrada no me inspira confianza alguna. Sus dirigentes dijeron que se introduciría el KERS en el 2009 para "abaratar costes, y facilitar la maniobra de adelantamiento". Argumentaron esto último aludiendo a que con los avances de la aerodinámica, hoy día un coche de F1 no puede permanecer detrás y cerca de otro sin perder adherencia, con el correspondiente peligro que esto conlleva, imposibilitando el adelantamiento. Bien, ya está confirmado que el KERS no abarata ningún coste, ya que sólo las escuderías con más presupuesto consiguieron implementarlo con un mínimo de garantías. Por otro lado, no está demostrado que facilite los adelantamientos, porque, normalmente, los equipos con mayor presupuesto ya tienen los coches más rápidos, y dado el caso de que tengan la posibilidad de adelantarse dos coches de dos equipos "fuertes", ambos contarán con el KERS, lo que los igualará de nuevo. Por el contrario, igual que toda tecnología pionera, y aún más con lo extremadamente complicado del KERS, es más probable que, aunque mejore un poquito los tiempos por vuelta, es más probable que dé más perjuicio que beneficio a quien lo incorpore. La realidad es que lo único que facilita los adelantamientos en la F1 es el talento de los pilotos, y si la FIA quiere aumentar la cantidad de adelantamientos por carrera para dar más espectáculo, que se encargue de introducir medidas obligatorias para dar mayor protagonismo a las manos del piloto, como acertadamente hicieron con los neumáticos lisos, y con la aerodinámica sencilla de este año. Pero bueno, con la FIA ya se sabe, una de cal y otra de arena, esa es la rutina. (der.: el KERS ya causó algún que otro susto a los mecánicos de BMW, en forma de descargas eléctricas)

Pero bueno, en medidas generales, el balance es muy positivo para esta temporada que está a punto de comenzar. La igualdad entre equipos está más ajustada que nunca -aunque a partir de la cuarta carrera sean los de siempre los que destaquen- y hay muchos pilotos con posibilidades de ganar, lo que siempre es interesante. Llama la atención que equipos todopoderosos como McLaren y pilotos como el vigente campeón Lewis Hamilton vayan a sufrir en mitad del "pelotón" debido a sus problemas técnicos, o que Williams, o el reciente heredero de Honda, el flamante Brawn GP estén tan cerca de los grandes en cuanto a tiempos y velocidad se refiere, y que otros como Toyota o Red Bull Racing les sigan de cerca también, y además éste último cuenta con el posible piloto revelación de 2009, el alemán Sebastian Vettel. Con un mundial, en principio, tan apretado, lo que puede marcar las diferencias es la fiabilidad. Algunas preguntas que nos hacemos los seguidores de la F1 son ¿cómo se comportará el KERS con las temperaturas extremas de Australia? ¿sacarán ventaja los equipos medianos en las primeras carreras al no llevarlo? ¿llegaremos a la mitad del mundial sin un líder destacado?

En cinco días, la primera respuesta. Os dejo con una vuelta a Albert Park a bordo del monoplaza de Sebastian Vettel el año pasado.



sábado, 21 de marzo de 2009

De cuando estuve en La Habana (3ª Parte)

(Ver la 1ª Parte, ver la 2ª Parte)

Se puede decir que me recorrí prácticamente toda La Habana a pie. Sobre todo al principio. Es una ciudad de planificación urbanística relativamente moderna, y es muy fácil orientarse en ella. Desde donde yo vivía, en el barrio de Centro Habana, tenía como referencias al norte, el mar Caribe, al este la Habana Vieja, al noroeste el barrio del Vedado, al suroeste el Nuevo Vedado, y al oeste, atravesando el río Almendares, el de Miramar. No aparenta en absoluto sus dos millones doscientos mil habitantes que tiene -sin contar el área metropolitana- dado lo sencillo de su estructura y lo bien planificado de sus calles y avenidas principales. Tiene buenas redes de carreteras y autovías -obviamente gratuitas- que permiten la entrada o la salida de la ciudad por diferentes puntos estratégicos, aunque el estado de las mismas deja bastante que desear.


La Habana, pese a tener prácticamente el doble de población que Barcelona, no tiene metro, y los ferrocarriles son exclusivamente para transporte de mercancías y pasajeros (por este orden) desde o hasta el interior de la isla. Pero las líneas de autobuses -que nada tienen que ver con las de cualquier ciudad europea- hacen que sea realmente sencillo desplazarse de una punta a otra de la ciudad rápidamente. Este servicio fue muy mejorado con nuevos vehículos gracias a varios acuerdos comerciales con Venezuela y China, y el precio es muy económico (el equivalente a dos céntimos de euro por ticket) ya que está totalmente subvencionado por el Estado, y el precio es prácticamente simbólico. Más o menos cada diez minutos pasa un autobús, dependiendo de la línea. Otra cosa son los famosos "camellos" -tráilers Mercedes y VolksWagen acondicionados para transportar viajeros- que normalmente realizan rutas más largas que las urbanas, y se desplazan hacia el extrarradio de la ciudad y otras provincias. Son muy curiosos, adoptan ese nombre por su curiosa forma con dos "jorobas" en la carrocería, y provienen de los tristes tiempos del "período especial", en la primera mitad de los años ´90, cuando Cuba sufrió el brutal choque -para el que no estaban preparados- debido a la caída del bloque socialista y; consecuentemente; la instantánea desaparición de su principal fuente de subsistencia económica y de su mercado. Pero bueno, el ingenio cubano hizo buena muestra de su valía, y son infinidad las argucias e inventos -de los que hablaré otro día- que se desarrollaron en la isla para combatir ese inicial desamparo, del cual se van recuperando ya poco a poco gracias a acuerdos y maniobras comerciales, como las anteriormente mencionadas, con gobiernos afines de otros países, y sobre todo, gracias a algunas modificaciones -o modernizaciones, quizá- de sus formas a la hora de hacer política comercial. (foto1: típico autobús escolar norteamericano, recuerdo de una época pasada, y que hoy día seguramente monta un motor ex-soviético. / foto 2: el transporte conocido popularmente como "camello". Click derecho en todas las fotos para ampliar).


Además de los autobuses -que realmente no usé más que una vez, dado que no tenía ninguna prisa, y dentro de ellos el calor es insoportable- los cubanos emplean masivamente los llamados "bici-taxi". No son ni más ni menos que triciclos a pedales hechos a mano, con un pequeño y confortable sillón biplaza en la parte trasera -que es donde se sientan los clientes- y un sillín delante para el piloto, todo ello cubierto por un toldo de lona o plástico, generalmente de alguna propaganda de cerveza Cristal o Tropicola. Los más lujosos llevan incorporado un radiocassette en el que suena atronador un ritmo de reggaetton cubano o puertorriqueño, y algunas pegatinas o carteles con nombres tan sugerentes como "El Loco". Hay infinidad de ellos, y es un medio de transporte ilegal, pero tolerado. Eso sí, se prohibe que los dueños de bici-taxi transporten a turistas extranjeros, pero normalmente se hace la vista gorda, aunque en algunas ocasiones nos paró la policía y tuvimos que seguir el resto del trayecto a pie. Al dueño del triciclo en cuestión, en ese caso, le cae una multa gorda, con lo cual es comprensible que algunos se nieguen a llevarte si ven que hay policías cerca, o si el destino es una zona muy turística. El precio es a convenir, normalmente bastante más barato que un taxi convencional. Aconsejaría, sin embargo, acordarlo antes de empezar el trayecto, y conociendo nosotros más o menos la distancia real del recorrido, porque si te ven un poco "inexperto" en las zonas de la ciudad, pueden tratar de hacerte dar unos cuantos giros por la maraña de callejuelas que hay entre barrio y barrio. Por poner un ejemplo, yo solía hacer el trayecto desde El Vedado o Centro Habana hasta el Capitolio o el Paseo José Martí en pleno corazón de la Habana Vieja (que son cerca de 3km.) por menos de 2 euros. Yo creo que es la mejor manera de desplazarse en La Habana a distancias cortas y medias, si no se tiene prisa, si llueve, o si hace mucho sol. Además, la conversación con un bicitaxista puede resultar de lo más simpática, y vas viendo pasar la ciudad a velocidad de bicicleta. (foto 3: Parada de "bici-taxi". Foto "prestada" de RobertGM).


Los taxis legales tienen precios más o menos equivalentes a los de España, aunque no abundan tanto y hay que llamarlos a golpe de grito. Luego está la opción de los "boteros" -de los que ya hablé en la primera parte- que son taxistas ilegales, que usan coches particulares. Son obviamente más baratos que un taxi, y el precio también es a convenir. Llegan allí donde un "bici-taxi" no llega. Por ejemplo, nosotros usamos uno para ir la primera vez a la Fortaleza del Morro -el faro de la típica postal, que se ve en el otro lado de la bahía de La Habana- hacia la cual se cruza por debajo del agua a través de un magnífico túnel, y que forma parte del mismo complejo fortificado de La Cabaña, donde el Che Guevara instaló su cuartel general en los primeros meses tras el triunfo de la Revolución. El trayecto fueron aproximadamente unos 10km ida y vuelta. Por 10 euros el "botero" incluso nos acompañó a pie por todo el castillo hasta que nos apeteció irnos de vuelta. (foto 4: subidos al castillo del Morro, con la Habana al fondo, el "Loco" Ramsés, el "botero" Miguel, yo, y en primer término Felipe).


En este viajecito tuvimos nuestro primer problema con la omnipresente policía cubana, ya que al dar el giro por la carretera que sube hacia el castillo había una patrulla haciendo un control rutinario. Yo había dejado mi pasaporte y mi visado en casa, tan sólo llevaba el DNI. Por supuesto, nos pararon, nos hicieron bajar y nos pidieron documentación a todos. No sé aún muy bien cómo, nos libramos de ellos contando una milonga de que yo era estudiante de intercambio en Cuba, al tiempo que mis dos amigos mostraban sus correspondientes carnets de universitarios para reforzar nuestra explicación. Yo presenté mi DNI para acreditar que era español, y el "botero"... bueno, resultó ser un amigo al que llamamos Miguel, que hasta el momento no debía haberse percatado de nuestra larga amistad, y al momento me echó el brazo por encima del hombro. Debió ser el sol justiciero del mediodía el que salvó al pobre "Miguel", ya que los policías no debían tener muchas ganas de papeleo. La cuestión es que, luego de unas miradas escépticas y de una amonestación personal a cada uno -a mí por ir sin pasaporte y sin visado- nos dejaron ir. Pudimos finalmente visitar el castillo, por dentro y por fuera, llegando justo a tiempo para ver cómo la televisión cubana rodaba un ensayo de unas escenas de lucha de piratas y corsarios, con damisela rescatada de por medio. Así es La Habana un día cualquiera, señoras y señores... (foto 5: panorámica de la bahía de La Habana desde el faro del Morro).

lunes, 16 de marzo de 2009

El libro del mes, "Jefazo: retrato íntimo de Evo Morales"

Autor: Martín Sivak
Editorial: Debate
Impreso en: Argentina
Ediciones: 1ª edición mayo 2008, 2ª edición junio 2008
Páginas: 344, 23x15 cm.


Inauguro esta sección, "El libro del mes", en la que iré comentando aquellos libros que leí -ayer o hace diez años- y que, por una cosa u otra, me resultaron especiales, y que desde aquí recomiendo.

El de hoy es uno de los libros que más recientemente me impactaron, y al cual estoy repasándole una segunda lectura. El autor es el joven sociólogo bonaerense Martín Sivak, que nos trae, de la mano de la interesante editora Debate, una de las mejores biografías -sino la mejor- de uno de los líderes políticos más carismáticos de nuestro siglo. Evo Morales Ayma es descrito aquí desde la cercanía que otorga el compartir con él sus viajes, sus reuniones, sus conferencias, incluso mesa y mantel, durante meses, las veinticuatro horas del día, a lo largo de sus extensas jornadas de trabajo como Presidente de Bolivia, visitando prácticamente toda la geografía boliviana y tres continentes distintos.

El libro está narrado en dos tiempos, alternados por capítulos. Uno, el que te zambulle en el día a día del primer presidente indígena del país con mayor porcentaje de población indígena de toda Sudamérica. Su forma de entender la política, llana y sencilla, directa y sin intermediarios, es una costumbre seguramente adquirida en sus tiempos como líder sindical. Martín Sivak estará con él mientras toma decisiones de Estado, organiza giras internacionales o recorre distantes poblaciones del altiplano boliviano dando conferencias y discursos delante de toda esa clase campesina que lo aupó hasta la Presidencia del país. Pero también compartirá con el Presidente aymara ratos íntimos de conversaciones cotidianas, sus sencillas preferencias culinarias, e incluso algunas de sus más apasionadas aficiones: el fútbol.

El otro tiempo indaga en la biografía y cronología puras, presentándonos la humilde procedencia de Morales, su infancia, la situación del país entonces, su época de estudiante, sus primeros pasos al frente del sindicato de cocaleros, y su posterior acceso a la Presidencia del país. Es muy interesante conocer cómo toma la convicción de defender a ultranza el cultivo de la hoja de coca, tradición milenaria de su pueblo, y único medio de subsistencia de cientos de miles de campesinos pobres. También muestra cómo adquiere consciencia del perjuicio del casi ilimitado poder de la DEA (Drug Enforcement Administration) estadounidense -que en Bolivia prácticamente cumple las mismas funciones que la CIA, solo que a cara descubierta- y las decisiones que toma para recortar la impunidad con la que actuaban, totalmente al margen del Estado boliviano.

En definitiva, un libro que además de su tremenda actualidad, resulta muy completo, bastante bien escrito, y muy ameno, con gran cantidad de situaciones personales y cotidianas del protagonista, lo que nos permite conocer el lado más humano y sencillo de un Jefe de Estado que va a dar mítines y discursos vestido con camisa, vaqueros y zapatillas Nike. (foto der.: el autor, Martín Sivak).

martes, 10 de marzo de 2009

Viñetas de una época

Muy posiblemente; mi generación, la del ´82 -aquella en la que Naranjito hizo de las suyas en el Mundial de Fútbol- sea de las últimas que se empaparon de las historias e historietas del universo del cómic, tan en boga en aquellos años. Los niños y niñas que vinieron al mundo en años sucesivos ya tuvieron otras opciones de entretenimiento más llamativas -y por qué no decirlo, más cómodas- que el gastar horas y horas pasando las páginas de esos cómics ya releídos mil veces, pero todavía interesantes. Más adelante, concretamente a lo largo de los años ´90, llegarían a la masa las nuevas tecnologías de ocio, pero por entonces la máxima expresión doméstica en videojuegos eran consolas como la Atari 2600 -que aún conservo en perfecto estado desde 1987-, cuya CPU no corría a más de 1.19MHz -unas 2.500 veces menos que un ordenador medio de hoy día, y unas 600 veces inferior a la archiconocida Nintendo Wii- y tan sólo mostraba 4 colores en pantalla, aunque tampoco hacía falta más, porque la primera vez que la usé fue en una televisión en blanco y negro. Su más aclamado título fue el grandioso Space Invaders, el tan imitado juego de matar marcianitos voladores, así que podéis imaginaros el "nivel" de entonces. (foto 1: Videoconsola Atari 2600, más un joystick).

Pero bueno, de videojuegos ya hablaremos en otra ocasión. Hoy el tema principal son los cómics, tebeos y revistas de humor que, por entonces, estaban a la venta en cualquier kiosko, en cualquier librería o papelería, y de los que había un sinfín de ediciones y títulos, y lo que es mejor, se vendían todos. Hoy día vivimos tiempos en los que el cómic prácticamente es un objeto de culto, cuyos aficionados tienen que conseguirlos en tiendas especializadas, por correo o por internet. El mundo del cómic se acabó transformando en una industria dedicada a un hobby o una afición -con cada vez menos adeptos, por cierto-, cuando en tiempos fue un producto de uso cotidiano. Yo todavía conservo el 99% de todos aquellos que cayeron en mis manos, de una u otra manera. Me acuerdo cuando había que ir a por dinero al banco -porque entonces no había un cajero automático en cada esquina-, y de paso se hacían las compras, los recados, y muchas veces "caía" algún tebeo si te portabas bien, o si había en el fondo del monedero de papá o mamá aquellas 100 o 150 pesetas que solían costar (algunos incluso 300pts.). La verdad, costaba elegir dada la enorme variedad de oferta que había, la inmensa mayoría en ediciones económicas, encuadernados a la americana -con goma por el lomo-, y muchas veces con dos simples -y finísimas- grapas. Claro, aquellas encuadernaciones tan frágiles, en manos de unos niños, eran muy fáciles de estropear, aún incluso cuando antes los chavales éramos bastante más cuidadosos que los de hoy en día.

De muy, muy pequeño comencé a hacerme asiduo de los cómics. Con 3 o 4 años ya manoseaba algunos, y aunque no supiera leer, me imbuía en las ilustraciones de las viñetas y alcanzaba a comprender bastantes historias. Recuerdo que la primera colección con la que me fui haciendo fue una edición quincenal de Yo, Donald (Ed. Montena), donde aparecían infinidad de personajes de la factoría Walt Disney, como las historietas del Pato Donald y sus Tres Sobrinos, el famoso Tío Gilito, el ratón Miki y Pluto, Goofy -y su alter ego "SuperGoofy"-, etc. A raíz de estos cómics, descubrí otra edición, más pequeña, llamada Don Miki, también editado por Montena, de periodicidad semanal, con historietas más largas y elaboradas de los mismos personajes de Disney, así como la revista Goofy (sólo historietas de Miki y Goofy), mensual, y editada por Primavera. También compraba algunas veces la revista infantil Pumby (Ed. Valenciana), Bip-Bip el Extraterrestre (Ediciones Gaviota), y unos finísimos cómics a tamaño cuartilla y de bastante menos calidad técnica, sobre Popeye el Marino, y el Gato Félix, ambos editados por Ed. New Comic, y sin olvidar algunos sobre aquella serie de Tv que emitía la Primera de RTVE, llamada Los Aurones. (foto 2: portada de un número de Yo, Donald).

Al ir creciendo, y con el tiempo, fui descubriendo otros cómics más "maduros". Eran los tiempos de Ediciones Zinco, con sus sagas de Masters del Universo (He-man, Skeletor y compañia), de Superman -y de Wonderwoman- o su elaboradísima Legión de Super-Héroes, incluso una miniserie de minicómics que venían con los muñequitos Madelman 2050, editados por Exin-Lines Bros. y titulados "La Invasión de los Zarkons". En aquella vorágine de superhéroes norteamericanos también había que contar con las múltiples colecciones de la grandiosa editorial Comics Fórum, que traía por entonces gran cantidad de títulos de la Marvel Comics, como Los Invasores, Excalibur, La Cosa o Los Cuatro Fantásticos. También me dejaron por entonces un buen sabor de boca los cómics de Batman y de Spiderman -incluso Superman otra vez-, y hasta de La Guerra de las Galaxias, todos ellos de Cómics Bruguera, la famosa editorial que triunfaría con el cómic de producción nacional. Aún recuerdo aquel titular de portada, que decía así: "Tiempo: El futuro. Lugar: El hogar de Superman. Ocasión: Su cumpleaños. Artista invitada: ¡La Muerte!". (foto 3: personajes de la saga Masters del Universo. / foto 4: portada de un número de Superman de Ediciones Zinco).


Ya un poco más mayorcito cayeron en mis manos, heredados de mi hermano César (el responsable de Nothing Ever Happens 2) una colección completa original de finales de los ´70 del clásico de clásicos Roberto Alcázar y Pedrín, y otra de Nuevas Aventuras de Mazinger-Z, El Robot de las Estrellas (ambas de Editora Valenciana), que no tardé en devorar, así como otras historias tales como Supersonic Man, de la serie Colosos del Cómic (editado por Almena Films S.A.), personaje protagonista de un -digno- intento de traer al cine nacional (Juan Piquer Simón, 1979) y con el mismo nombre, a los super-héroes de la sci-fi de corte anglosajón. También tengo que destacar entre esta enorme y nueva remesa aquellos cómics de la creación francesa Spirou Ardilla (Editora Mundis), llamada "la publicación exclusiva para jóvenes de 5 a 100 años", que contenía las entrañables historias de Bill y Bolita, Agente 212, Jerry Spring, los geniales Blabladedos, Sam o Gastón. Otro de los grandes tesoros encontrados fueron algunos números de una colección denominada Joyas Literarias Juveniles, editada por Bruguera -una vez más- con títulos llevados al cómic de autores como Julio Verne, Enrique Sienkiewicz, etc. (foto 5: portada de un número de Roberto Alcázar y Pedrín. / foto 6: portada de la revista de cómics Spirou Ardilla).

Pero mientras mi colección personal del mundo del cómic había aumentado de manera exponencial gracias a aquella ingente herencia llegada de Santiago de Compostela, yo seguía comprando cómic, sobre todo cómic nacional. Era el boom de Paco Ibáñez y de Escobar, de los tomos de Super Humor (Ed. Bruguera/Ediciones B) y de la Colección Olé, auténticos contenedores de las alocadas historietas de Mortadelo y Filemón, las travesuras de Zipi y Zape, el hambriento Carpanta y su añorado pollo asado, las dementes historias de Rompetechos, de las vivencias del Botones Sacarino, las Hermanas Gilda, y cómo no, el increíble 13, Rue del Percebe, que con sólo una página -concretamente la contraportada- era mi preferido. Curiosamente, años después serviría de inspiración para series de Tv como Aquí no hay quien viva. También me hice muy aficionado al legendario cómic nacional TBO (yo ya lo cogí con Ediciones B) uno de los más antiguos y prestigiosos del mundo (sus comienzos datan allá por 1917), donde cada ejemplar contenía más variedad de personajes e historias que ningún otro conocido, y excelentes secciones como "Los Inventos de TBO", donde en cada número imaginativas y demenciales máquinas eran explicadas y diseccionadas mediante delirantes planos. También me hice con algunos números del loco super-héroe nacional SuperLópez (Ed. Bruguera), aunque no fue tanto de mi agrado como TBO. También quiero recordar a la revista Guai! (Ediciones Junior/Grupo Grijalbo), de la cual conservo algunos números, y que también era bastante completa, con historietas de Chicha, Tato y Clodoveo, de profesión, sin empleo, Lucky Luke, o fragmentos de historias de los mismísimos Astérix y Obélix. (foto 7: portada de uno de los tomos de Super Humor. / foto 8: portada antigua de un TBO).

Porque si hay un cómic por excelencia dentro de mis preferencias, éste es Astérix y Obélix (Grijalbo/Dargaud), de los geniales Goscinny y Uderzo. Todavía recuerdo aquella colección de siete gruesos volúmenes azules que había en la biblioteca del colegio, que recopilaban todas las aventuras de los dos galos más irreductibles de toda la Galia. La diversidad de sus situaciones, la inmensa cantidad de personajes, el empleo de diferentes caracteres dependiendo de si habla un galo, un griego o un egipcio, y la adaptación cómica de inventos modernos a la época de oro del Imperio Romano es delirante. Aunque puede que alguien le haga sombra a este par de personajes, y no es otro que Tintín. El personaje ideado por Hergé, sin apasionarme tanto, es digno de admiración, su argumento, sus historias, siempre entrelazadas unas con otras, el detallismo fiel en cada viñeta, sus colores, y sobre todo, el recorrido alrededor del mundo siguiendo sus aventuras; casi siempre involuntarias; son su mejor aval. Éstas son dos colecciones que me gustaría tener completas alguna vez en mi vida. (foto 9: portada del primer cómic de la saga Astérix. / foto 10: ilustración de uno de los cómics de Tintín).

No puedo terminar esta -larga- entrada sin mencionar a la que fue mi serie de animación favorita de la televisión, Dragon Ball Z, ya que sus cómics, en blanco y negro, publicados bajo el sello de Planeta de Agostini, fueron de los últimos que compré "en masa", allá mediados los años ´90. Siendo objetivo, la calidad de aquel cómic era bastante mala, aunque no mucho peor que la serie de Tv. Lo que hizo grande a Dragon Ball Z fue su enorme argumento. Dentro de la simple trama de héroes y villanos, su guión, la facilidad con que Akira Toriyama dibujaba -por dentro y por fuera- a infinidad de personajes y situaciones, el verlos crecer a lo largo de los años, o el incluir guiños a otras series suyas como Dr. Slump no tenía precio. Este artista japonés supo tomar lo bueno y original del mundo del cómic y adaptarlo a la televisión durante bastante más de una década. (foto 11: una de las páginas del cómic español de Dragon Ball Z).

Más adelante, ya casi en nuestros días, los videojuegos -sustituto natural del cómic entre los jóvenes- se alimentó de historias y personajes sacadas directamente del mundo del cómic. Hoy vivimos en el cine un resurgir casi indigesto de super-héroes sacados de la factoría Marvel, incluso se llevan al celuloide -con más pena que gloria- personajes del cómic nacional como Mortadelo y Filemón. Pero en cambio el cómic ya nunca va a tener aquella época dorada de finales de los setenta, la década de los ochenta y comienzos de los noventa. Ahora los chavales prefieren clavar sus ojos en pantallas de plasma -una vez los clavaron en haces de luz catódica- antes que molestarse en pasar las páginas a un raído cómic cuya portada y contraportada se perdieron en la noche de los tiempos.

P.D.: gracias a toda la Embaixada Prusiana y a su fanzine Despregable (en su número 20) por introducir ese artículo-resumen sobre el cómic en 2008, que hizo que recordase todos los tebeos que leí -y los que aún me quedan por leer-, y que desembocó en esta tremebundamente larga entrada.

lunes, 2 de marzo de 2009

Cuando emerge la Galicia profunda

Ahora; que pasaron ya casi cuarenta y ocho horas del gran batacazo moral que nos llevamos media Galicia y yo; puedo pensar con algo más de frescura y de serenidad. Nunca antes en mi vida -corta, de momento- me había sentido avergonzado de ser gallego, hasta que hoy leí algunas opiniones y comentarios en la edición digital del diario El País referentes al ignominioso resultado electoral de los recientes comicios del 1 de marzo. La conclusión que sacabas de casi todos ellos era que "los gallegos tenemos lo que nos merecemos", y es cierto. No creo, sin ánimo de ofender, que exista en España -y lo digo plenamente convencido- un Pueblo que sea más ignorante político que el nuestro, ni más hipócrita, ni más manejable. Los índices de incongruencia y perogrullo alcanzan cotas insospechadas entre nuestros paisanos y paisanas, y debe ser aquí, en este país, donde habita mayor número de "malvendidos" por metro cuadrado de toda la península. De lo contrario, ¿alguien podría explicarme cómo puede ser que vuelvan a gobernarnos aquellos que nos venden, que nos humillan y que nos utilizan?


Somos ignorantes políticos casi desde siempre; porque durante más de trescientos años (siglos XV al XVIII) sufrimos un "genocidio cultural" como no se conoció otro en Europa. Lo somos porque, más adelante y durante cuarenta años - en lo que alguien denominó "unha longa noite de pedra"- unos cuantos malnacidos se encargaron de que así siguiésemos siendo. Y ya en nuestros días, los herederos de unos y de otros nos mantuvieron aborregados durante dieciséis largos, rancios, y mohosos años. (foto 2: "-¿E para que son os deputados? -Eu non o sei meu fillo." Ilustración de Castelao.)

Somos hipócritas porque no decimos lo que pensamos. Aquí, cuando sale el tema en una conversación cotidiana, o preguntas o se habla sobre la intención de voto de fulano o mengano, nadie dice que va a votar al Partido Popular, ¡qué va!, si aquí todos somos "progres", modernitos, gente culta y espabilada, pero la triste realidad es que sacaron 39 escaños en el Parlamento. Tanta es la hipocresía entre nosotros que ni los más afamados institutos de sondeos y encuestas pueden aproximar, ni por asomo, el resultado de unas elecciones gallegas. Es en la gente joven de este país donde cala más hondo el bulo de "todos los políticos son iguales", del que ya conocemos a sus autores, y no hace falta decir a quiénes beneficia, porque es un hecho. Lo cierto es que entre nosotros hay mucho imbécil que presume de universitario, de haber viajado con las Erasmus por media Europa, de ser de familia "progre de toda la vida", de independentista, de socialista, de ateo, de ir a la última, de escuchar a Placebo y Oasis, y recorrerse todos los festivales musicales del verano, pero en realidad no son más que niñatos y niñatas hipócritas e ignorantes que le hacen el juego a Feijóo y compañía. Como decía un antiguo compañero de trabajo en nuestros tiempos en la CIG: "[...] de lingua andades todos moi ben, pero á hora da verdade esfurricades todos".
Manejables somos porque no hay más que ver quién y por quién vota cada vecino. Mucho critican aquí algunos a los argentinos, y a los sudamericanos en general, que por un puñado de caramelos o unas cuantas cajas de cervezas van corriendo a votar con el sobre bajo el brazo. Pues aquí no es muy diferente. Como somos del "primer mundo", no votamos por ellos a cambio de unas cervezas, pero sí por una farola delante de casa, por un asfaltado de los cinco metros del camino que nos entra en la finca, o a cambio un trabajo temporal de tres meses limpiando cunetas y cobrando el salario mínimo interprofesional. Por cualquiera de esas cosas va a votar una familia entera, abuelos, abuelas, padres y madres, hijos, hermanos y hermanas. Incluso votan aquellos que ya fallecieron y todavía siguen censados, o esos que se censan en aquel municipio donde hacen falta votos gracias a que allí tienen a una hermana casada. Lo dicho; manejables y vendidos.

Pero bueno, tranquilidad, que no cunda el pánico. Ya tenemos la solución a la crisi financiera global, y no es otro que Mr. Feijóo "Superagente 86". Según él y los suyos, el bipartito era el culpable de la crisis. Pues demos gracias al Señor, salvados estamos, ya que ellos vienen en nuestro rescate. Venderán el coche blindado de Presidencia, y Feijóo recorrerá Galicia en su coche particular, en el Pazo de Raxoi sentará a altos cargos, y al mismísimo Rey de España en bancos de feira, no comerá ni beberá y, Dios no lo quiera, llegado el caso colaborará a apagar incendios en los meses de verano, como ya hizo en aquel fatídico año 2006, donde gracias a sus actuaciones -y sobre todo a las de los suyos- se salvaron miles de hectáreas de bosques.

Salud, compatriotas.