lunes 23 de noviembre de 2009

El libro del mes: Pelham Uno, Dos, Tres

Título original: The taking of Pelham One Two Three
Autor: John Godey
Editorial: Plaza & Janes
Impreso en: España
Edición: 1ª Edición febrero 1974

Páginas: 311, 19x12,3 cm. Cubierta de tapa dura.

Nunca subestiméis lo que una estantería de vuestra casa os puede ocultar. En mi caso, el verano pasado descubrí esta pequeña gran joya de la literatura por pura casualidad, indagando en un estante perdido y olvidado, entre los muchos viejos libros que mi padre tenía sobre el ferrocarril. No conocía a John Godey, su autor, ni mucho menos esta novela. Leí la sinopsis en la contracubierta, y me pareció interesante. Luego aluciné con el libro. "Y aún por encima, ¡el original de 1974!" -pensé-.

Y, lo que son las casualidades de la vida, poco después de leerme el libro, en una de esas extrañas ocasiones en que piso una sala de cine, vi un trailer del nuevo remake cinematográfico de "Pelham Uno, Dos, Tres" (Joseph Sargent, 1974), esta vez a cargo de un tal Tony Scott (del que sólo quiero recordar "Amor a quemarropa" y "Spy Game"), John Travolta y Denzel Washington. Según la crítica -yo todavía no la vi- resulta un tanto aburrida y monótona, sobre todo si se la compara con su predecesora. (a la izqu.: Una de las portadas del libro, y a la derecha su autor, John Godey)

Pero como esto es El libro del mes, vamos a hablar de la novela del neoyorquino John Godey en vez de las películas que se basaron en ella. Si alguien quiere conocer el metro de Nueva York no tiene más que leerse este libro. Es increíble con qué fluidez y
con qué cantidad de detalles nos describe Godey el famoso tren subterráneo de la Gran Manzana. Y qué mejor escenario para una novela policíaca de las de antes. El suspense y el thriller se mascan en cada página de una forma muy lograda, la claustrofóbica historia de un secuestro claustrofóbico, nada menos que el de un vagón de metro, por un puñado muy dispar de delincuentes, y el retrato con precisión casi quirúrgica del no menos dispar grupo de pasajeros de ese Pelham Uno Dos Tres. John Godey entra de lleno en las vidas de todos los protagonistas de esta novela, desde Ryder, el líder de los secuestradores, hasta el más sencillo empleado de la Jefatura de Tráfico. Los flashbacks se suceden de manera muy acertada y certera, y la puesta en escena de cada secuencia hacen que esta novela parezca más un guión de una película.

Y no todo termina aquí. Además de esto, Pelham Uno Dos Tres nos ofrece el retrato de la sociedad de la costa Este norteamericana en su plenitud. Aquel Nueva York de los setenta con sus problemas de gran metrópoli, sus movimientos sociales, la enorme heterogeneidad de sus habitantes, la problemática racista y de clases, o la vida política de ese alcalde al que un extraño secuestro lo pilla metido en cama, con cuarenta gra
dos de fiebre y un resfriado monumental. Digamos que no es el libro perfecto... pero casi.


martes 10 de noviembre de 2009

La otra cara del Muro de Berlín

Resulta curioso que precisamente por estas fechas se esté hablando tanto en tantísimos medios de comunicación sobre el 20º Aniversario de la caída del Muro de Berlín. Se hace hincapié cien mil veces si es necesario en la terrible y agónica decadencia de un sistema económico, político y social -el comunista- que provocó la reunificación de las dos alemanias. Lo digo porque es precisamente en estos días cuando estamos asistiendo -ya parece que acomodándonos incluso- a la misma decadencia y desestructuración del otro sistema económico, político y social, el que resultó como "vencedor" en aquellos días de 1989. (La Puerta de Brandemburgo en los días de la caída del Muro de Berlín)

Una vez más, y gracias a la globalización, en televisión, radio, prensa escrita, en todas partes se habla sobre este acontecimiento histórico. Se publican reportajes, se emiten especiales y se proyectan documentales en todas las cadenas y canales de información. Se mantiene casi siempre la infantil y ya hedionda idea de que todos nos sorprendimos cuando cayó el Muro de Berlín, cuando era bien conocido por todos -por todos los que se interesasen por ello, claro- que Alemania Oriental, y a un nivel superior, la URRSS, arrastraban una crisis irreversible que terminaría en la desaparición de la primera y la desintegración de la segunda. Y también, curiosamente, en la inmensa mayoría de las ocasiones se predica la misma moraleja final: los ciudadanos de Alemania del Este obtuvieron, con la caída del Muro, la libertad y el acceso al Paraíso Terrenal.

No se suele hablar de que, por ejemplo, nada más caer el Muro de Berlín, prácticamente el 12% de la población de Alemania del Este se quedó sin trabajo al pasar a la Comunidad Económica Europea, ya que ese era el porcentaje que se ocupaba del sector de la agricultura en la Alemania prosoviética. Tampoco se habla de que Berlín Oeste vivía del mercado negro y del contrabando de múltiples productos básicos obtenidos a muy buen precio en Alemania Oriental, precisamente a costa de esa agricultura. Realmente esa fue una de las razones que llevaron a los dirigentes orientales a levantar el Muro en 1961. Pero si queremos encontrar razones, hay muchas más: espionaje, sabotaje, infiltración política, propaganda, inmigración clandestina, y un largo etcétera que, si bien no justifican para nada la injustificable división forzada de seres humanos, sí que ayudan a entender por qué Alemania del Este decidió levantar un muro tan costoso y tan vigilado.

Resulta triste comprobar la desilusión de aquellos alemanes del Berlín Oriental al darse cuenta de lo que ofrecía en realidad el sistema capitalista del Berlín Occidental. En el Este no podían comprarse fácilmente un Mercedes, un BMW, una lavadora nueva, ropa francesa, zapatos italianos o relojes suizos. Viajar a Cuba, Hungría o a la Unión Soviética no era suficiente, y no podían conocer otros países fuera del bloque socialista, ni disfrutar de la Costa del Sol en los días de vacaciones, como sí hacían los alemanes occidentales. Los obreros no podían escoger aquella profesión para la que se sentían predestinados, en lugar de trabajar en aquellas monótonas y viejas fábricas, y las amas de casa se lamentaban de no poder disponer de más que dos tipos de hortaliza para preparar la comida. Y todos se pasaban el día deseando que llegase aquel ratito de conectar a escondidas, desafiando a la Stasi, las emisoras de radio o las cadenas de televisión del Berlín Oeste, donde veían durante unos pocos minutos al día las esplendorosas imágenes de los parques y avenidas del Berlín del otro lado, y los anuncios publicitarios, donde siempre aparecían personas sonrientes luciendo algún flamante producto recién adquirido. Ellos, en cambio, siempre calzando los mismos zapatos, siempre vistiendo los mismos abrigos. (a la der.: vista lateral del Muro, con la Puerta de Brandemburgo al fondo).

Por eso, cuando empezaron a derribar a golpe de martillo aquel muro, en el que habían simbolizado toda su desesperanza, no se daban cuenta de lo que en realidad estaban dejando atrás. Cegados por el resplandor del capitalismo, por la posibilidad de poder acceder a todo aquello que se les mostraba desde el otro lado de aquel muro, no se dieron cuenta de que en pocos meses iban a sufrir las dos caras de la misma moneda. El paro laboral, algo a lo que ellos no estaban acostumbrados, se cebó en los alemanes orientales. El famoso concepto de economía planificada de Alemania del Este se vino abajo en un solo instante, y decenas de miles de trabajadores se quedaron sin su lugar de trabajo. Se acabaron los beneficios de una sociedad comunista, se quedaron sin calefacción gratuita en pleno invierno, sin poder acceder a una enseñanza universal pública y gratuita, sin aquellas dos hortalizas para hacer la comida. Y sin aquellos puestos de trabajo en aquellas viejas fábricas, ya que un altísimo porcentaje de ellas entraron en quiebra al no poder competir con las de Alemania del Oeste, los especuladores cayeron como buitres y estas empresas pasaron a manos privadas, junto con decenas de empresas estatales que ofrecían a la población servicios básicos prácticamente a precio de coste como el transporte, la energía, el agua, el gas, etc, y que fueron vendidas pensando sólo en el beneficio económico a corto plazo.

De la noche a la mañana todo se esfumó. Todos aquellos que antes tenían un empleo estable en Berlín del Este, aquellos que habían visto incrementados sus salarios significativamente desde 1980 a 1983 -más que en toda la década de 1970-, todos los que pagaban el alquiler de su vivienda con menos del 10% de su salario mensual, o todos aquellos que formaban parte de aquel 61% de población alemana oriental que disponía de uno o varios coches en sus respectivos hogares, y que sus hijos disfrutaban del acceso gratuito a universidades de todo el bloque socialista, todos ellos se vieron después subsistiendo bajo el umbral de la pobreza en sus respectivas ciudades o barrios. No sólo se habían terminado aquellas veladas del viernes en las mejores óperas y teatros del Berlín Oriental prácticamente gratis, sino que ahora debían ingeniárselas para poder comprar aquella barra de pan que antes costaba 5 céntimos de marco oriental, y ahora no se podían permitir. Ingeniárselas para no morirse de frío delante de aquellas salamandras enlozadas que antes calentaban día y noche sin interrupción. Sus hijos debían dejar los estudios en secundaria para conseguir algún trabajo, seguramente en el mercado negro o el contrabando, para poder mantener el hogar, porque su padre estaba desempleado, y el ama de casa ya no tenía dos hortalizas que echarle a la olla. Pero eso sí, podían todos ellos ahora acceder a comprarse un Mercedes, o irse a veranear a la Costa del Sol. Tardarían veinte años en darse cuenta: una reciente encuesta de la Universidad de Halle-Wittenberg dice que el 96% de los habitantes del la región de Sajonia-Anhalt añoran la Alemania Oriental porque entonces vivían mejor. Incluso el 23 % desearían volver a tener el Muro. Hasta los alemanes de Berlín Occidental echan de menos los tiempos de las dos alemanias, ya que el flujo de dinero de todo Occidente hacia la frontera del "telón de acero", dedicado a embellecer y engalanar la ciudad de manera ostentosa se había terminado.

El Muro de Berlín fue una barbaridad. Como lo son hoy en día otros muros, como el que está levantando Israel en Palestina, el que discurre por la frontera entre Estados Unidos y México, las alambradas y campos minados que construyeron los marroquíes contra el Pueblo Saharaui, o el que Occidente mantiene entre las dos Koreas. Fue una barbaridad, cierto, y ni esto pretende ser un artículo de defensa de un sistema oxidado y corrupto como lo fue el de Alemania del Este en sus años finales, ni la desaparición del muro fue la resolución de todos los males del planeta. Como dice muy acertadamente Julio Anguita en una entrevista que le hicieron estos días, "al equilibrio del terror que había antes le sustituyó un desequilibrio terrorífico", aludiendo a lo pernicioso de la hegemonía mundial que una superpotencia puede ejercer sobre el mundo, en este caso Estados Unidos. Nadie en pleno conocimiento de las circunstancias sociopolíticas anteriores y posteriores al Muro de Berlín puede decir que la justicia y la estabilidad mundial están mejor ahora, veinte años después, que en aquellos días de 1989. Pero, como ya sabemos, la Historia la escriben los "vencedores"... (a la izq.: señora de la Alemania del Oeste saludando a sus familiares de la zona Este)

martes 3 de noviembre de 2009

Y la incertidumbre se hizo luz...

... pero luz artificial. En la última entrada sobre Fórmula 1 que escribí faltaban cinco días exactos para el comienzo de esta temporada 2009, y este fin de semana finalizó con la bandera a cuadros en la última vuelta del Gran Premio de Abu Dhabi, en el futurista y flamante Yas Marina Circuit. En dicha entrada hablé sobre todo lo que prometía esta temporada cargada de novedades, modificaciones en el reglamento y en las especificaciones técnicas de los coches, nuevos circuitos, y la famosa implementación del KERS (Kinetic Energy Recovery System), aquel invento que prometía 80CV extra durante 7 segundos por cada vuelta, y sobre el cual expresé mis dudas en aquella misma ocasión.

Pocas veces una temporada en la F1 había levantado tanta expectación, y pocas veces el resultado final tras la última carrera de este domingo fue tan insípido. Vayamos por partes. Resultó que el KERS fue un auténtico lastre para aquellas escuderías que lo implementaron en sus bólidos -y que diseñaron todo su coche en torno a él y sus 40Kg de peso- y que arrastraron problemas de set-up del coche en muchos circuitos al no poder contar con ese espacio extra para poder distribuir los verdaderos lastres y plomos que se agregan a un monoplaza para hacerlo más ágil y estable. En cambio, las ventajas que ofrecía en la mayoría de las ocasiones se limitaban a hacer una buena salida, ventaja que se veía luego empañada por la poca o nula competitividad de los coches que lo llevaban respecto a los que iban sin él, sobre todo en la primera mitad del campeonato. (izq: las descargas eléctricas dejarán de preocupar a los mecánicos con la desaparición del KERS en 2010)

Pero desde un principio la clave de la temporada rondó en torno a las nuevas reglas sobre la aerodinámica de los coches. Concretamente sobre una pieza que pasa muy desapercibida, pero que es fundamental para el diseño del resto del bólido: el difusor trasero. La escudería Brawn GP (equipo privado heredero de la todopoderosa Honda, y que pocos días antes de empezar la temporada no sabía si podría competir por problemas económicos- y su nuevo propietario, el mítico ingeniero Ross Brawn, se hicieron con seis victorias en las siete primeras carreras del año gracias a un difusor trasero completamente diferente del resto, al aprovechar una vacío legal en el reglamento de las especificaciones técnicas de aerodinámica. Hubo posteriormente una comisión destinada por la FIA (Fédération Internationale de l´Automobile) para investigar el caso, declarando legales los difusores de Brawn GP. Para cuando el resto de los equipos trataron de adaptar unos difusores similares para intentar hacer frente al nuevo equipo, ya era demasiado tarde: Jenson Button, un piloto mediocre, consiguió ser campeón de Fórmula 1 gracias a esta pieza aerodinámica y a los puntos obtenidos en esa primera mitad del Mundial. Más adelante se supo que esta "laguna" legal fue premeditada por la FIA, con la intención de que un equipo privado ganase la F1 y así dar la razón a los argumentos de Max Mosley, Presidente de la federación hasta este año, que pretendía contener a las grandes marcas como Ferrari, McLaren, BMW o Renault en favor de equipos privados. La verdad es que en la pretemporada, equipos como Renault habían preguntado a técnicos de la FIA sobre la posibilidad de implementar esta pieza, pero fueron advertidos sobre su posible ilegalidad. Ross Brawn arriesgó, y ganó. (arriba a la izq: Jenson Button, a la der.: el Brawn GP. Abajo: vídeo ilustrativo del KERS)







Otra de las decepciones de esta temporada tan extraña fueron los nuevos circuitos, metidos con calzador en el calendario de la F1 por Bernie Ecclestone. De la debacle de Malasia, con la carrera parada 24 vueltas antes de terminar por poca luz y mucha lluvia -habían cambiado el horario para últimas horas de la tarde, con el fin de poder verlo a la hora de comer en Europa- pasamos a la segunda edición de la bazofia del Valencia Street Circuit, donde comprobamos que los nuevos circuitos son hechos a la medida de los malos pilotos. Y este domingo pasado en Abu Dhabi, más de lo mismo. Mucho lujo, mucha luz, carreras nocturnas, y todas esas cosas, pero 0% de espectáculo. Las carreras se siguen decidiendo en las estrategias del pit-lane, los pilotos pueden cometer cuantos errores quieran, ya que las escapatorias son de asfalto y pueden volver a la pista sin problemas, y ya no hay esas curvas endemoniadas o esas largas rectas rematadas por sectores muy, muy exigentes donde los pilotos tienen que dar lo mejor de sí mismos en cada giro. Esto se sigue convirtiendo en una Fórmula 1 con edulcorante. ¿Dónde están aquellos duelos en Spa-Francorchamps, en Donington Park o Silverstone, o el grandioso A-1 Ring, en medio de plenos alpes austríacos. Circuitos como Interlagos, Imola, Monza, o el desaparecido y rapidísimo Hockenheim son los que dan juego a este deporte, y no esas indigestiones nocturnas de megavatios en Singapur o Abu Dhabi, ni el cemento y las vallas del Valencia Street Circuit, por mucho dinero que reporten a las abarrotadas arcas de Bernie Ecclestone.

Otro de los momentos a destacar de esta temporada que acaba de terminar fue el espeluznante accidente de Felipe Massa a bordo de su Ferrari en la sesión de clasificación del Gran Premio de Hungría. Un muelle de un kilogramo de peso, perteneciente a un amortiguador trasero del Brawn de Rubens Barrichello se desprendió e impactó en el casco del brasileño de Ferrari, provocándole una pérdida de conocimiento, una fractura de cráneo y lesiones oculares, lo que imposibilitó su participación por el resto del año. Afortunadamente este tipo de incidentes tienen una probabilidad de aparición bajísima, pero demuestra que, a pesar de todos los sistemas de seguridad de la F1 de hoy en día, los pilotos se siguen jugando la vida cada vez que se ponen al volante de una de estas máquinas. (abajo: vídeo del accidente de Felipe Massa en Hungría 2009)







En 2010 se aventuran novedades, una vez más. Se aparta definitivamente al KERS, y se elimina la posibilidad de repostar carburante en las paradas de boxes. Ahora habrá que combatir en la pista por las posiciones, como antaño. Vuelve el apellido Senna a la máxima categoría del automovilismo, el joven Bruno Senna, sobrino del mejor piloto de la Historia, correrá en Campos Meta, el primer equipo español de Fórmula 1. Jean Todt, antiguo jefazo de Michael Schumacher, será el Presidente de la FIA, en sustitución del mafioso Mosley, y Fernando Alonso correrá en Ferrari y dejará de arrastrarse por los circuitos con coches de mitad de la tabla para abajo. Ojalá volvamos a ver carreras como las de hace quince años.

viernes 30 de octubre de 2009

Los "U-Boot" en Galicia

Hace poco desempolvé un libro que tenía medio olvidado -y nunca hasta ahora leído por completo- que se titula "Lobos acosados" (José Antonio Tojo Ramallo, Laverde Ediciones, 2000), en el que se detalla una bastante extensa relación de los treinta y cinco submarinos alemanes hundidos frente a las costas gallegas durante la Segunda Guerra Mundial. El autor indaga en diversos archivos alemanes, británicos, norteamericanos y españoles a fin de proporcionarnos información verazmente contrastada, y son muchas las reseñas y notas a pie de página con datos exactos, extraídos de documentos recientemente desclasificados por la marina de guerra de los países anteriormente citados.

Los submarinos de entonces no eran las maravillas de la ingeniería naval que hay hoy en día, de perfectas formas hidrodinámicas, asépticas, espaciosas, seguras y silenciosas naves. En la Segunda Guerra Mundial, los U-Boot (acrónimo de "unterseeboot"; nave submarina en alemán) estaban propulsados por motores de combustión diésel, eran angostos y estaban mal ventilados, sus dotaciones estaban formadas en la mayoría de las ocasiones por marineros muy jóvenes, casi adolescentes, incluidos los oficiales, y navegar bajo la superficie del mar era todavía toda una aventura, y nada segura por cierto. Para que nos hagamos una idea, el monóxido de carbono resultante de la combustión de los motores intoxicaba el aire respirable de la nave en un 3% a la hora, lo que causaba malestar general, dolores de cabeza y finalmente pérdida del conocimiento y la muerte, haciendo que, muchas veces, tuvieran que desistir de este tipo de navegación y defenderse o atacar en plena superficie. El oxígeno, la electricidad y el agua eran bienes muy preciados dentro de los U-Boot, y la cuestión de su reciclaje todavía estaba "en pañales" en la década de los cuarenta.

Los U-Boot pasaban muy a menudo frente a nuestras costas en rutinarias patrullas anti-buque, tratando de interceptar convoyes de buques mercantes y cargueros que transportaban tropas y material bélico desde el otro lado del Atlántico hasta Europa. También era una ruta usual camino de la costa este de Norteamérica y el Caribe, donde los submarinos de guerra alemanes tuvieron muchos enfrentamientos frente a Estados Unidos y Canadá tratando de destruir buques de guerra y transportes, y en el Caribe intentando dar caza a los petroleros que enviaban el crudo hasta las refinerías del sur de Estados Unidos. Algunos incluso se atrevían con operaciones ultrasecretas como la Operación Kiebitz, donde el U-669 debería rescatar en la costa este de Canadá a varios prisioneros de guerra alemanes fugados días antes del "Campo de Prisioneros Número 30" de Bowmanville (Ontario), en una especie de "Gran Evasión", con túneles subterráneos y todo, pero esta vez con protagonistas alemanes. Entre estos preciados prisioneros, además de importantes oficiales de la Luftwaffe, se encontraba el mismísimo Otto Kretschmer, el máximo As de la Kriegsmarine alemana, Comandante del U-99 capturado en 1941 al sudeste de Islandia por un buque británico. En su haber contaba con 44 buques hundidos en menos de dos años de servicios. Hay que decir que esta misión resultó un fracaso, y que el U-669 fue localizado y hundido por cinco cargas de profundidad lanzadas desde un avión Wellington de la Real Fuerza Aérea Canadiense al noroeste de Cabo Ortegal, el 7 de septiembre de 1943. No hubo supervivientes. El 70% de la marinería de guerra submarina alemana perecería en acto de servicio durante la Segunda Guerra Mundial.
Y es que las historias que cada submarino lleva consigo son en la mayoría de las ocasiones dignas de recrear en una buena película. Tal es el caso del U-966 "Gut Holz", comandado por el joven oficial Eckkehard Wolf, hundido en Punta Maeda, en plena Ría de O Barqueiro, después de diversos combates contra buques de guerra y aviones antisubmarino de la Royal Air Force (RAF) británica. La mayor parte de su tripulación fue rescatada por pescadores de la zona, y aún hoy veteranos, familiares y amigos visitan A Graña y O Barqueiro, tal y como llevan haciendo desde 1943. (a la izq.: el Comandante Eckkehard Wolf)
O el caso del U-506 (hundido al oeste de Fisterra en 1943) comandado por Erich Würdemann, protagonista de un suceso conocido como "el incidente del Laconia". El 12 de septiembre de 1942 el buque civil de transporte "Laconia" de la compañía británica White Star (la misma del malogrado "Titanic") fue torpedeado y hundido en la costa oeste africana por el submarino alemán U-156 comandado por Werner Hartenstein, mientras cubría la ruta de regreso entre Sudáfrica y Gran Bretaña. A bordo viajaban 2.700 personas, entre las que se incluían 1.800 prisioneros italianos, 268 militares ingleses, 103 polacos y aproximadamente 80 mujeres y niños. La operación de evacuación fue un auténtico caos, lanchas salvavidas volcadas en el agua, otras hundidas por sobrepeso, prisioneros italianos sin chalecos salvavidas reducidos a golpe de bayoneta por los soldados ingleses, etc. Por si esto no fuera poco, semejante ruido y agitación atrajo la atención de cientos de tiburones. Hartenstein, comandante del U-156, que observaba la dantesca escena que había provocado desde la torreta de su submarino mientras navegaba en círculos, fue advertido de que muchos de los gritos de socorro que se escuchaban eran en italiano, y dio inmediatamente la orden de iniciar las labores de rescate. En poco tiempo más de 90 italianos fueron acogidos en la cubierta del sumergible. Viéndose desbordado por la situación, y con la cubierta completamente atestada de gente, lanzó un mensaje de radio sin codificar que decía: "Si cualquier barco asiste a los náufragos del Laconia no lo atacaré. He recogido 193 hombres. 0453, 1126W. Submarino alemán." (a la der.: algunos de los supervivientes del "Laconia" en la cubierta del U-506)

Al cabo de unas horas llegaba a esa posición el U-506 de Erich Würdemann, y al poco tiempo el U-507 y un submarino italiano. Para entonces eran más de 400 los náufragos rescatados. Se repartieron entre los sumergibles a los náufragos, entre los que se encontraban muchas mujeres y niños. Así pasaron varios días, hasta que apareció un bombardero B-24 Liberator norteamericano en misión de reconocimiento, dando aviso a las autoridades estadounidenses en la base de las islas Ascensión. Entonces el mando militar norteamericano ordenó atacar los sumergibles enemigos sin contemplaciones, teniendo éstos que batirse en retirada, viéndose obligados a dejar nuevamente en el agua a cientos de personas. Por fortuna, tres horas más tarde llegaban a la zona tres buques mercantes que habían interceptado el mensaje del U-156, pero era tarde: de los 2.700 náufragos del "Laconia" sólo pudieron ser salvados menos de 1.500. A raíz de todo esto se publicó la "Orden Laconia" y fue difundida entre todos los submarinos alemanes. Según esta orden, quedaba terminantemente prohibido que cualquier sumergible alemán participase en operaciones de rescate de náufragos en la mar.

jueves 15 de octubre de 2009

Maldito cine sonoro

Hace pocas semanas fui con los colegas a dejar mis euros a una sala de cine. Me encantaría poder ver todas las películas que me gustan sentado en una cómoda butaca, teniendo ante mí una descomunal pantalla panorámica, a mi alrededor un terrible Dolby Surround, y comiéndome un buen Toblerone. Todo ello, claro, sin tener que estar pensando en el atraco al que fui sometido a la hora de comprar mi entrada. Pero bueno, del salvaje precio del cine, del corporativismo de las grandes empresas del sector y del poco o nulo caso que el Estado hace por tratar de hacernos partícipes legales de esta forma de cultura ya hablaré en otra ocasión. (a la izq.: cartel promocional de "Distrito 9")

La cuestión es que fuimos a ver la última de extraterrestres: "Distrito 9" (Neill Blomkamp, 2009). No sólo nos empujó a su sala las ganas irresistibles de ver una de E.T.´s, ya que había leído un par de cosas sobre la cinta en cuestión: que era el debut del director, que estaba considerada una producción de bajo presupuesto, y que la crítica la ponía como "la Blade Runner del siglo XXI". ¿Resultado? Una auténtica mèrde. Para empezar, la película es pretenciosa por todas partes, la forma de empezarla -de esas que parecen un documental- habría estado bien, de no ser porque te pasas más de media hora sin saber qué es lo que viniste a ver, incluso si te habrás equivocado de sala. Cuando empiezas a coger la idea, y a hacerte figuraciones del cómo y el por qué, ya pasó media película, y es justo en ese instante, abrumado por los efectos especiales, tiros y explosiones sin mesura, cuando te das cuenta de que te acaban de engañar. Todos. Desde el director al guionista, pasando por el productor, y el que hizo la sinopsis y el que imprimió los carteles. ¿Bajo presupuesto? ¿película con fondo? ¿la Blade Runner del siglo XXI? Ja.

Es por todo esto que escribo esta entrada sobre cine. Porque me fastidia bastante ver cómo hoy día se considera una película de "bajo presupuesto" -no averigué el monto final, ni me importa- al debut de Blomkamp, o lo que es peor, cómo se puede llegar al extremo de decir que es una película con un mensaje de fondo. Ni siquiera consigue transmitir nada, ni bueno ni malo. Y se me viene a la mente el cine, el de verdad. Las películas de Buster Keaton - a mi juicio mil veces mejor que Chaplin- lograban, con unas pocas escenas sin sonido y sin color, construir una historia profunda, llena de sensaciones, de variadas lecturas y que aún hoy están a la altura de los mejores cortos. ¡Y todo ello sin hacer ni un sólo gesto con la cara! No en vano era ahijado del grandísimo ilusionista Harry Houdini. (a la der.: Buster Keaton en 1922)

Cortometrajes como "El Carnicero" (The Butcher Boy, 1917) o el desternillante, kafkiano y genial "Policías" (Cops, 1922) son buena muestra de ello. Pero es con los largometrajes, como "El Rey de los Cowboys" (Go West, 1925) donde podemos ver a un Keaton en pleno apogeo inventivo y creativo. Su mejor obra, "El Maquinista de La General" (The General, 1927) es el mejor ejemplo si queremos comprobar cómo se construía el buen cine, realmente con pocos medios y bajo presupuesto, pero con unos guiones excelentes. Escenas como las del cañón sobre raíles crearon escuela, pero la secuencia del choque entre las dos locomotoras pasó a los anales de la Historia del cine como una de las más perfectamente logradas jamás. Otra película digna de mención es "El Héroe del Río" (Steamboat Bill, Jr., 1928), donde Keaton encarna al hijo incompetente y finamente educado del dueño de un barco de transporte en el río Mississippi. Tiene escenas que son inolvidables. Ahora resulta que Amenábar estrena su archipublicitada "Ágora" (A. Amenábar, 2009) con Rachel Weisz como protagonista. Y claro, el argumento enamora, la crítica le hace reverencias, se vuelve a poner en un pedestal a "Tesis" (A. Amenábar, 1996) y a "Abre los ojos" (A. Amenábar, 1997), etcétera, etcétera. Se han gastado millones en efectos especiales, millones en extras, millones en atrezzo, millones en promocionar la película... pero la película resulta que no transmite. Quizá deberían pensar en ir sacándole el sonido al cine, saldría más barato que matar a cientos de miles de guionistas y directores. (a la izq.: fotograma de "Policías", a la der.: escena de "El Maquinista de La General")


jueves 1 de octubre de 2009

El libro del mes: El Conquistador

Título original: El Conquistador
Autor: Federico Andahazi
Editorial: Planeta
Impreso en: España
Ediciones hasta la fecha: Primera Edición, septiembre 2007
Páginas: 315, 23x15cm.




Aviso para navegantes -y nunca mejor dicho-, este libro recibió el Premio Planeta Argentina 2006. Resulta curioso que una editorial premie un libro que va a editar ella misma, y ante semejante fachada comercial (porque por si alguien no lo había captado, estos premios se entregan simplemente para incrementar los futuros índices de ventas) hay que estar muy al loro de lo que uno se lleva a las manos.

El autor, Federico Andahazi, nos expone una obra que mezcla la novela histórica con la de ficción. La frase que subtitula el libro; Un azteca descubre Europa antes del viaje de Colón; ya nos lo dice todo. Quetza, el protagonista, un azteca culto y avanzado para su tiempo, por razones que no voy a desvelar aquí es rechazado por su sociedad, y obtiene la redención personal circunnavegando el globo por primera vez en la Historia, navegando hacia el Oriente, y regresando a los dominios mexicas por la costa del Pacífico. Queda así modificado el curso de la Historia que conocemos hoy, ya que Quetza logra descubrir Europa, el Mediterráneo, Asia y Oceanía en su larga travesía. Él y su pequeño séquito de mexicas y huastecas entran en contacto con los europeos y con sus avances tecnológicos, así como sus costumbres. Conoce en España a un audaz navegante llamado Cristóbal Colón que ronda habitualmente la Corte de una reina que se dice llamar Isabel La Católica, y un sinfín de aventuras más.

Nacido seguramente a remolque del huracán mediático creado por la película "Apocalypto" (Mel Gibson, 2006), el planteamiento del libro es fascinante, y desde luego daría para escribir tropecientos volúmenes si esa fuera la intención. Pero tengo que señalar que el notable efecto de inmersión en el mundo azteca que consigue Andahazi con los primeros capítulos se ve diluido en el ir y venir de las páginas siguientes. Se percibe un poco de "relleno" en la novela, una palpable falta de estructuración coherente -ya sabemos, los típicos inicio, nudo y desenlace- y desde luego el final se esfuma en cinco páginas. El resultado final es una historia con mucha riqueza e ilusión en sus comienzos, un poco de tensión un tanto artificial en su ecuador, y una ligera decepción en el final. (a la der.: Federico Andahazi)

Eso en cuanto al aspecto técnico del libro. Si hablamos del contenido en lugar del contenedor deberíamos destacar negativamente algunas incoherencias y excesos que el autor se podría haber dejado en el tintero. Están repartidas por todo el libro, desde el título hasta el último capítulo. Por ejemplo, ¿por qué Andahazi titula este libro como El Conquistador, si quiere que veamos a Quetza como un descubridor objetivo y conservacionista? ¿Es que la palabra "descubridor" no tiene tanto tirón comercial? Otro ejemplo: que los aztecas se horrorizasen ante los herejes quemados en las hogueras de la Santa Inquisición y de que los sacerdotes cristianos simbolizasen beber la "sangre de Cristo" en sus rituales religiosos, cuando es bien conocido que las culturas mesoamericanas tenían por algo común y corriente los sacrificios humanos con fines religiosos. Por muy avanzado y "civilizado" que fuese nuestro protagonista, estas cosas no deberían causarle un espanto tan remarcado. Por otra parte, el cruce en pleno Océano Atlántico con un drakkar vikingo es, como poco, estridente. Y el mero hecho de que Quetza, sin brújula, consiguiese llegar desde el Caribe hasta Huelva usando simplemente los astros como guía es pecar de optimista. Esto, claro, si no hacemos caso de las teorías que afirman que los Olmecas ya tenían una especie de brújula de magnetita allá por el 1000 a.C.

Pero bueno, no todo van a ser puntos negativos, sino no habría recomendado este libro. Podemos encontrarnos en El Conquistador un bello y rico retrato de la sociedad azteca prehispánica con todo lujo de detalles, así como de sus ciudades y situación política. Se toca profundamente el tema de quiénes fueron los salvajes en la conquista de América, si los indígenas o los europeos, y se describe a la perfección una civilización que, si bien poseía avanzados conocimientos en filosofía, matemáticas y astronomía, adolecía de exactamente los mismos defectos que la occidental: avaricia, hipocresía, cinismo y desigualdad entre clases. Nos sirve esta novela para conocer un poco mejor a los grandes olvidados de la Historia americana, para interesarnos por estas culturas que aún siguen vivas, aunque no tengan -todavía- la debida representación política en sus respectivos países, y para aprender a distinguir entre las excelentes, las buenas y las mediocres novelas históricas.

martes 22 de septiembre de 2009

Radio Atómika

Después de un período de ausencia estival, regreso a Ideas Telúricas con un reportaje que, si bien lo vengo preparando desde hace unas cuantas semanas, a raíz de los sucesos de Pozuelo de Alarcón (Madrid) viene que ni pintado. Hace unos días pudimos comprobar cómo en el recientemente acomodado pueblo/barrio de Madrid una multitud de jóvenes de esta nueva clase media que está emergiendo en nuestro país -bajo nivel cultural, alto poder adquisitivo- desencadenaban una auténtica batalla contra la policía durante la celebración de unas fiestas locales. No protestaban por el paro laboral, ni por una sanidad o educación públicas dignas, ni siquiera por motivos políticos: pusieron en peligro sus vidas, las de otras personas, y destrozaron mobiliario urbano por valor de miles de euros simplemente porque debían dejar de beber alcohol en la calle a partir de las 3:00 de la madrugada.

Pues bien, con este reportaje de hoy, además del objetivo primordial que es difundir una iniciativa cultural, se suma el de hacer un reportaje cuasi promocional de esa otra juventud que sí tiene inquietudes culturales e informativas, y que además de pasárselo bien por la noche, encuentra tiempo -y dinero- para poder organizarse y crear algo como Radio Atómika. Porque caer en la generalización sería un tremendo error.

Los más observadores y observadoras os habréis fijado en que hace un tiempo que en la sección Blogs Recomendados vengo enlazando al de Radio Atómika, que es una emisora de radio bonaerense, cuyo epicentro de sus ondas está situado en Ciudad San Martín, en el Gran Buenos Aires -o como ellos dicen, en la "República Separatista de San Martín"- y fue creada por iniciativa de un grupo de jóvenes comunicadores, locutores y periodistas que no se sentían -ni se sienten- identificados con los medios de comunicación masivos. Es por ello que eligieron crear lo que ellos llaman "su propia trinchera mediática", y que llegó a mis oídos a 11.000km de distancia gracias al fenómeno que conocemos por globalización y, también por supuesto, gracias a una buena y vieja amiga, colaboradora atómika directa: la gran Ayelén Silber, que realiza, junto a "El Kabexón" y Nico el programa Radio Esquizofrenia, que podéis escuchar en directo desde el blog de Radio Atómika todos los jueves, de 0:00 a 02:00 hora española. (a la izq.: Marcelo Pocavida, conductor del espacio The Creepy Nights, uno de los hombres predestinados a enterrar el punk, en caso de que éste muera)

Además de ellos tres, trabajan en Radio Atómika muchos profesionales del sector sin percibir salario alguno, así como músicos profesionales, colaboradores, etcétera. Existen multitud de programas y espacios con una muy diversa temática, como las "Reggae Morning" de cada día de la semana, el "Camino Negro" de los lunes, que fue el mejor programa musical de la emisora en 2008, "Buenos Aires durito" los martes, "Apagalo!" los miércoles, a cargo de Miss Bolivia, cantante bonaerense de hiphop/reggae, "A las Barrikadas", programa cultural y político de los jueves, y ese mismo día la curiosa y delirante "Radio Esquizofrenia", de la que hablaré más adelante. (a la der.: integrantes del programa "El baño es para uso exclusivo de los señores clientes", otro de los muchos que cubren las horas de Radio Atómika).

Esta emisora tan peculiar comenzó a emitir en octubre de 2003, aunque su nacimiento como tal es fruto a la crisis económica y social que sufrió el país allá por 2001. Por supuesto siempre fueron, y son, una emisora completamente autogestionada, sin ningún tipo de ayuda ni soporte financiero por parte de entidades privadas o estatales, lo que les da una total libertad de expresión y de autonomía, aunque se vean enfrentados a problemas y situaciones adversas para seguir emitiendo día a día, que no hacen sino enriquecer el ingenio de los integrantes de la emisora, y aumentar sus ganas de seguir adelante con el proyecto. Como bien afirma Fede, uno de sus directores; "se autogestiona por decisión, no por opción".
"Ideas, resistencia, música y músicos en vivo, contrainformación y humor". Esos son los signos distintivos de esta emisora. Y de hecho la música en vivo directamente filtrada a través de las esponjas de los micrófonos de la Atómika es una constante. Son muchas las bandas locales -y no tan locales- que desfilaron por la emisora, y músicos célebres -y variopintos- de la talla de Los Fabulosos Cadillacs, Manu Chao, Andrés Calamaro, Ricardo Iorio, Enrique Symns también estuvieron presentes ante los micros radioactivos. Pero como no sólo de música vive el hombre, también podemos revolver en los archivos de audio del blog y encontrar entrevistas realizadas a personajes tan ilustres como el grandísimo Osvaldo Bayer, o Adolfo Pérez Esquivel, o Calica Ferrer, el primer compañero de viaje de Ernesto Che Guevara... y los que vendrán. Resulta curioso cómo una entidad de medios limitados puede conseguir que personajes tan relevantes del mundo cultural se unan a ellos, y te hace formular la pregunta ¿proyectos y ambiciones a largo plazo de Radio Atómika? Lo que obtengo por respuesta resulta aún más desconcertante: "Seguir al aire, vivimos la hermosa inestabilidad del Tercer Mundo, día a día." Quizá esa humildad sea la clave de su éxito. (a la izq.: cartel promocional de "RIPS", programa que rememora la música de aquellos que ya no están entre nosotros... ¿o sí?)


Cómo preparan Aye y los suyos una edición de su programa Radio Esquizofrenia es un ejemplo bastante explícito de cómo es la personalidad de Radio Atómika. Según sus propias palabras "cada programa varía, pero hay una serie de columnas o secciones que cada uno de nosotros se hace cargo de tener los contenidos. Después en la semana vemos si va alguna banda o tenemos algún invitado. Se improvisa lo demás al aire, no tenemos todo guionado, porque no sería real lo que los oyentes escuchan. Además siempre tenemos contenidos de parrilla por si nos sobra tiempo." (a la izq.: Ayelén Silber frente a la entrada a su mundo eskizoide)

En medio de este cierto desorden ordenado hay una estructura predefinida -aunque se avergüencen de ello y quieran ocultarlo al mundo-, y hay secciones casi fijas como las efemérides -¡qué sería de un programa de radio sin ellas!-, la "cocina cannábica" cuyo nombre lo dice todo, la "Ciencia Eskizofrénica", la sección de literatura, el "Cuentito de las buenas noches", o el delirante "Jonathan: el erudito en sexo". Lo que sí es cierto es que el programa hace alusión a su nombre, y es completamente imprevisible. De la literatura pasan a un tema de Johnny Thunders con los Heartbreakers, y luego una representación de radioteatro del hombre lobo con una tétrica ambientación, aullidos y demás sonidos guturales. Es por eso que las dos horas de programa se hacen tan cortas, por su riqueza de contenidos, su variedad, y lo espontáneo de sus tres locutores "estrella", además de algún invitado que pueda surgir cualquier día. (a la der.: en b/n Radio Esquizofrenia en pleno radioteatro, y a la izq.: durante una entrevista a la banda Motorama)



Si queréis más información sobre qué es Radio Atómika podéis consultar su "[anti]Manual de Usuario de Radio Atómika" en formato *.pdf para ver en internet o descargar. Y ya sabéis, en su blog podéis sintonizar el 106.1 de la FM bonaerense y percibir la radioactividad desde 11.000km de distancia... o donde sea que os encontréis.


Para contactar con ellos: email #1, email#2