jueves, 26 de febrero de 2009

De cuando estuve en La Habana (2ª Parte)

(Ver la 1ª Parte)




Tengo escuchado hablar a algunos que volvieron de Cuba diciendo que comieron fatal. No sé lo que darán de comer en los tours organizados por los hoteles de cuatro y de cinco estrellas que salpican el barrio del Vedado y la Habana Vieja, pero a mí, desde el primer día, estos amigos me llevaron a comer a un paladar (casa de comidas clandestina) escondido de los turistas en un solar, en algún punto que no voy a mencionar entre las avenidas Zanja y Salvador Allende, donde por cinco pesos convertibles (CUC), el equivalente a cinco dólares norteamericanos, comíamos cuatro personas. El menú estaba a elegir entre tres o cuatro platos diferentes cuya base casi siempre era el arroz, como por ejemplo arroz con frijoles y camarones, arroz con pollo frito, arroz moros y cristianos (que lleva frijoles negros y tocino), arroz congrí con frijoles colorados, el sabrosísimo pescado frito -¡sin espinas, olé!-, que podía ser pargo o cherna, todo acompañado siempre de diversas viandas como la malanga o la yuca cocidas, unos finos aritos de cebolla, y un pequeño cuenco con un tierno, verdísimo y espléndido aguacate troceado y salpimentado. ¿De beber? pues o agua helada -muy típico en Cuba ver el corazón de las botellas de plástico completamente congelado-, o un refrescante zumo natural de naranja, que vendía una señora en un portal cercano por 0´50 CUC la botella de dos litros. Me resultó curioso que los platos siempre los servían a rebosar. Literalmente. En cuanto metías el tenedor en la comida, era imposible evitar que se te cayeran granitos de arroz por los bordes de la escudilla. Otra cosa muy curiosa, no servían pan. Imposible rebañar el plato. Aunque tengo que reconocer que no fue necesario, ya que en ninguna de las veces que comí allí pude terminarme un plato entero de aquellos. Podías comer, en la misma mesa redonda de jardín; de esas de hierro forjado y cubierta con un hule, con cualquier paisano o paisana que se sentase a tu lado. Lo primero que hacían estos cubanos al poner su plato en la mesa era decir: "¡esto es Cuba!", y se quitaban la camiseta. Nunca sudé tanto comiendo. (foto 1: el "Loco" Ramsés y Guillermo pidiendo la comida en el "paladar" al que íbamos siempre al mediodía, junto a la propietaria, que fregaba los platos en ese lavadero.)

Luego descubrí que en las casas particulares no se come muy diferente. La comida que nos preparaban casi siempre en casa era la cena, y consistía muchas veces en el arroz "ensalsado" con filetes de cerdo -allí la "res" (vaca o ternera) es un poco inaccesible-, abundantes frijoles negros y aguacate o platanito de acompañamiento. Esa era la cena típica. A veces traíamos del supermercado del centro comercial que hay en la avda. Salvador Allende unas bolsas de muslos de pollo congelados, que se preparaban casi del mismo modo, o fritos. Los desayunos también eran deliciosos: siempre me daban un poco de café negrísimo cargado de azúcar, luego un batido de "frutabomba" (papaya), muy típico, y un suculento sandwich de cerdo cocido con queso.
En ningún momento de toda mi estancia en Cuba descubrí que aquella gente pasase necesidad alimentaria alguna, tal y como difunden algunos "que tanto saben de Cuba", de esos que te encuentras allá por donde quiera que vayas. Obviamente la oferta de mercado es muy limitada debido a las grandes dificultades de producción alimentaria que se propagaron por el país favorecidas por el embargo norteamericano, pero al menos en la ciudad de La Habana, que es lo que conocí, no vi que se pasase hambre. A media mañana o a media tarde veías pasar a un niño o una niña de regreso de un mercado agropecuario comiéndose a boca llena una jugosa guayaba, o comprobabas cómo en los kioskos de las plazas y parques se vendían sabrosos bistecs de pollo empanado, croquetas o frituras. Y si están a la venta es porque la gente los compra, y no hablo de barrios acomodados, sino justo donde yo me hospedaba, pleno barrio de Cayo Hueso, el más humilde de Centro Habana. Tengo que mencionar aquí la famosa "libreta de racionamiento" cubana. Ellos sarcásticamente la comparan a menudo con la antigua cartilla de racionamiento que implantó Franco a lo largo de veinte años después de la guerra, sin darse cuenta de que la diferencia es abismal. Mientras que la cartilla española la habían instaurado aquellos que provocaron la guerra causante de tantas penurias, los cuales se aprovechaban del hambre de la gente, y hubo cientos de estraperlistas que hicieron auténticas fortunas engañando a mujeres, niños y ancianos, la "libreta" de racionamiento en Cuba fue diseñada para que todos los cubanos, comprando en tiendas específicas subvencionadas por el Estado, puedan tener acceso garantizado a unas necesidades básicas de alimentación e higiene, carencias provocadas por las dificultades económicas surgidas, una vez más, a causa del bloqueo comercial al que están sometidos desde prácticamente el triunfo de la Revolución de 1959. Hay que decir, sin embargo, que con lo que la libreta permite cada mes no se sustenta de una forma digna una familia de más de cuatro personas, y hay que comprar alimentos extra en otro tipo de mercados, donde los precios son obviamente más caros. Y aún así, ojalá los ocho millones de españoles que viven bajo el umbral de la pobreza tuviesen acceso a algo similar en un país como el nuestro, donde los gobernantes de turno aluden una y otra vez al famoso Estado de Bienestar. (foto 2: la mesa lista para cenar una noche cualquiera. El menú: filete de cerdo con salsa de frijoles, arroz, aguacate y salchicha, premio delicioso tras un día de patearse La Habana a 36ºC).


Pero volviendo al tema puramente gastronómico que nos ocupa en esta ocasión, no puedo olvidar comentar la tremendísima afición de los cubanos por la cerveza. Antes de viajar a Cuba creía que no se podía beber más cebada que en nuestro país, pero estaba totalmente equivocado. En el país cuasi inventor del ron, la cerveza manda. Entre marcas como Hatuey, Tínima, o Mayabe, destacan dos: Palma Cristal, y Bucanero. La primera -la que más me gustó y que podéis encontrar en cualquier Carrefour-, cuya etiqueta es una pequeña obra de arte, es más suave, del estilo de la Heineken, pero con un toque herbáceo que la hace distinta. Y la Bucanero, bueno, el propio nombre la describe, es más del estilo de nuestra Estrella Galicia, fuerte y áspera, con más graduación, la preferida por los cubanos bebedores. A los niños les encanta la malta sin alcohol, que beben comunmente de oscuros botellines pequeños de la marca Tínima, que tiene un fuertísimo sabor a cereal caramelizado. Aunque, quizá menos, también les gusta beber de una buena lata de Tropicola, o de Tu Kola, ésta última de la marca Ciego Montero, que es la principal embotelladora de agua mineral en el occidente del país. Tienen las dos un sabor muy similar a la Pepsi. También de Ciego Montero es el mejor refresco sabor lima-limón que probé en mi vida -ya que no da sed!!-, y del cual bebí innumerables latas, al que llaman simplemente Gaseosa. No puedo rematar este "episodio gastronómico" sin hacer mención a la bebida "favorita" de los vagabundos alcohólicos y sin techo -que como en todos los países del mundo, también los hay en La Habana- la cual llaman "chispa de tren", y no es otra cosa que queroseno. Beben el queroseno que compran en las gasolineras, rellenando viejas latas de cerveza, y se quedan inconscientes durante horas. Sólo el olor ya marea a uno. Por cierto, y volviendo al tema de los refrescos y las cervezas, tengo que decir que no ví en toda mi estancia en Cuba ni un sólo anuncio comercial de estas bebidas. Y lo curioso es que se venden solas. Yo no sé si en este mundo nuestro capitalista en que vivimos estaremos haciendo un poco el tonto...
(foto 3: de izq. a der.: el "Loco", un primo de Guillermo, el Felipe, una primita de Guillermo, y un aficionado a la "chispa de tren" que se ofreció a salir en la foto, todos sentados en una parada de autobús que había al lado de casa.)

jueves, 19 de febrero de 2009

Los Limoneros: la esencia del cine

Leyendo estos días esta entrada en A Tumba Abierta, el blog de Gary Tormento, en que se hacía referencia al 50 aniversario de las muertes de Ritchie Valens, Big Bopper, y Buddy Holly, y también al reciente fallecimiento de Lux Interior, así como al 25 aniversario del Festival Sundance o la muerte del gran cineasta Robert Mulligan, me di cuenta de que los comentarios que se sucedieron posteriormente desembocaron en una triste y velada pregunta: ¿hay vida -creativa- después del siglo XX?

En la literatura sí, de ello no hay duda. En la música y en el cine, quizá por ser potentísimas industrias comerciales, creo que no. O casi. Salvando honrosas excepciones, tanto en un campo como en el otro se adolece de las misma flaquezas y de los mismos excesos. Nunca hubo tanto productor ni tanto dinero para invertir en discos o en películas, pero; al tiempo, tampoco hubo nunca semejante elitismo ni tantas complicaciones a la hora de que un sello grabe con una banda emergente, o una productora apoye a un cineasta de futuro.

Pero volviendo al cine, que es de lo que voy a hablar aquí hoy, y más concretamente, de buen cine, no hay que sentirse tan pesimista. Hay infinidad de productoras (sobre todo organismos estatales), directores y actores independientes -y no tan independientes- que tratan de hacer un cine apartado de las directrices comerciales de Hollywood. Y aún por encima, con éxito, que es lo más notable. "Los Limoneros" (Lemon Tree, Eran Riklis, 2007) es la última película "independiente" que tuve ocasión de ver, antes de la esperada "Slumdog Millionaire". Se confirma, con esta producción franco-israelí, que para que el cine cumpla su objetivo primigenio (transmitir un sentimiento) no son necesarios cientos de millones de dólares en efectos especiales, ni contratar actores de primera línea, ni rodar la película en tres continentes distintos: basta con juntar en una misma cinta un par de interpretaciones geniales, una historia común y cotidiana, y una perfecta realización técnica. Y esto es lo que caracteriza a Los Limoneros. Sencillez -que no simplismo-, naturalidad y frescura. Cuenta la historia de una viuda palestina (caracterizada por la impresionante Hiam Abbass), propietaria de un limonar que colinda con la nueva residencia del Ministro de Defensa israelí, y su lucha legal por defender lo que cree suyo, sus limoneros -mandados talar por el ministro-, su dignidad y su memoria. Cada minuto de la película está cargado con una fuerza titánica, que gracias al tranquilo discurrir del metraje podemos captar en su plenitud sin que se nos escape un sólo detalle.

Ver películas como esta te hace olvidar a Hollywood, a sus agarrotados guiones y a sus encorsetados actores, así como a sus presupuestos multimillonarios para "fabricar" bodrios, y al mismo tiempo te inspira confianza en que sí se hace buen cine, sí existe. Sólo hay que saber dónde buscarlo...



NOTA: Yo la ví en Versión Original Subtitulada, os recomiendo que hagáis lo mismo.

domingo, 15 de febrero de 2009

¿Medios de des-información?

"Venezuela decide si perpetúa a Chávez en el poder". Cadena SER (Digital), EFE 15-02-2009.

Me resulta indignante leer cabeceras como ésta, en prensa o en webs de medios de comunicación pertenecientes a grupos empresariales que se jactan de "progresistas", objetivos e imparciales. A pesar de la obviedad, me resulta necesario advertir lo que sucedería en Venezuela en caso de triunfar el SÍ en la convocatoria electoral de este domingo. Se vota para decidir si se ejecuta una enmienda constitucional propuesta por el Presidente electo Hugo Chávez, que permitiría la reelección indefinida de cualquier, repito, cualquier Presidente del país. Se trata, ni más ni menos, que de llevar acabo una modernización de la Constitución venezolana, para equipararla a la de países democráticamente avanzados, como puede ser el nuestro.

En la inmensa mayoría de países latinoamericanos todavía sufren las graves consecuencias de sus raquíticas constituciones, diseñadas a medida de norteamérica, durante parte del siglo XIX y a lo largo de todo el XX. Esta "forma" de Constitución -también aplicada en los mismísimos Estados Unidos-, en la que un Presidente sólo puede gobernar dos legislaturas, tiene como objetivo frenar la capacidad de cambio que una persona o grupo gubernativo pueda imprimir en el sistema sociopolítico del estado. Es un freno a la democracia, un lastre al desarrollo social y a la lógica evolución de un país, se trata de una simple medida de contención. Como si no fuese suficiente con todas las medidas directas que el imperialismo económico norteamericano y británico -cada uno en su época-, también se aplicaron estas medidas indirectas que, como dice Eduardo Galeano en sus escritos, hace que cualquier iniciativa progresista independiente en los países latinoamericanos "muera antes de nacer".

Por esto, y volviendo al tema que nos ocupa, Venezuela tiene la obligación moral de decir SÍ al cambio. Es un paso adelante, uno más en la dirección que los separa del dominio político y económico del gran vecino del norte. En 1813 se consiguió una independencia, y ahora los venezolanos tienen el deber de conseguir otra, menos violenta pero igual de complicada. Veremos qué sucede, y sobre todo, cómo lo cuentan los medios de "información".

miércoles, 4 de febrero de 2009

Los beneficios de una involución

"No sé conducir de otra forma que no sea arriesgada. Cuando tengo que adelantar, adelanto. Cada piloto tiene un límite. El mío es un poco más arriba del de los otros." (Ayrton Senna).

Los que alguna vez disfrutamos de carreras épicas como las que nos regalaba un brasileiro llamado Ayrton Senna da Silva puede que estemos de enhorabuena. No, el mejor piloto de carreras de la Historia -pese a quien pese, lo sigue siendo- no va a volver. Aquel fatídico primero de mayo de 1994 seguirá siendo el día en que la F1 marcó un punto de inflexión, y la frase "ya nada volverá a ser como antes" se hizo realidad. De su muerte en competición derivaron, hasta hoy, una serie de medidas enfocadas a reducir riesgos para los pilotos, integrando, temporada tras temporada, infinitos cambios en los monoplazas, en las reglas y en las capacidades de desarrollo de las escuderías. No voy a enumerarlas o detallarlas aquí -de eso ya hablaremos otro día- pero lo cierto es que la seguridad se incrementó enormemente, y hoy en día es extremadamente difícil que un piloto muera en carrera, o tan siquiera resulte herido, en comparación con décadas anteriores, en las que fallecía casi un piloto por temporada. Bien, esto no sería un problema de no ser porque las carreras, hasta hoy día, ya no son tal. Y los pilotos -salvando excepciones- tampoco. En los años en los que Michael Schumacher se convirtió en ídolo de masas era rarísimo ver un adelantamiento entre los seis o siete primeros coches de la parrilla. Los coches se volvieron tan fiables, tan asistidos, tan precisos, tan automáticos y tan electrónicos que el piloto aportaba tan sólo el 35% al rendimiento general. Y eso en pilotos "estrella", porque de media tabla para abajo este porcentaje se reducía sensiblemente. (foto 1: Ayrton Senna)

Por eso, y añadiéndole las abismales diferencias de presupuesto entre escuderías importantes como Ferrari o McLaren con otras pequeñas como Jordan o la minúscula Minardi, el espectáculo decreció, las carreras se volvieron monótonas incluso para los más forofos y entendidos en el tema, que empezaron a añorar tiempos pasados. La FIA (Fédération Internationale de l'Automobile) empezó a darse cuenta, y propulsó la limitación de potencia en los motores, para igualar un poco más las escuderías. Ante la poca efectividad de esta medida, se realizó un plan de cambios estructurales a largo plazo, donde cada año se implementarían nuevas medidas y se eliminarían algunas "ayudas" electrónicas, destinado todo ello a frenar el avance tecnológico y estimular a los pilotos, hasta este 2009.

Dejándonos ya de retrospectivas, lo que me interesa comentar en esta entrada son precisamente los cambios que se desarrollarán esta temporada 2009; que justo comienza el próximo mes de marzo en el circuito semi-urbano de Melbourne, Australia. Porque nunca una involución fue tan beneficiosa. Se suprimen totalmente las "ayudas" aerodinámicas que no sean estructurales -es decir, salvo el alerón delantero y el difusor trasero-, y todas las piezas que sobresalgan de la línea básica de la carrocería estarán prohibidas. Por tanto, todos esos aletines, deflectores, estabilizadores, microdifusores, conductos externos, etc. que se podían contemplar en los monoplazas de los últimos años quedarán eliminados. Estos complementos aerodinámicos proporcionaban una estabilidad y velocidad de paso por curva excelente, pero hacían prácticamente imposible los adelantamientos. ¿La razón? Pues que este concepto tiene por pilar fundamental que toda la superficie del coche obtenga su porción del llamado "aire limpio" (sin turbulencias) y éste es imposible de conseguir al pegarse al monoplaza que va delante, con la total y peligrosa pérdida de adherencia y estabilidad que ello conlleva. Uno de los casos más extravagantes del extremadamente refinado diseño aerodinámico era el Honda de este pasado año 2008 o el BMW. (foto 2: Honda 2008, foto 3: BMW 2008)



Debido a las nuevas reglas de diseño de 2009, esta importantísima merma de adherencia aerodinámica deriva en los nuevos alerones, enormes comparados con los anteriores -aunque muy similares a los de finales de los ´80 y los ´90- igual que los difusores traseros, y también se vuelve a los tradicionales neumáticos tipo "slick" (superficie totalmente lisa) para asfalto seco. Para lluvia se emplearán, como siempre, los diferentes tipos de los acanalados ya existentes (mixtos, lluvia, o lluvia extrema). Sólo estas dos implementaciones -carrocería limpia y neumáticos slick- nos traen a los nostálgicos muy buenos recuerdos. Basta con contemplar el Ferrari de este año con el anterior (ver foto 4), y lo mismo con el BMW (ver foto 5) para hacernos una idea de lo que nos espera. Ahora los pilotos volverán a ser casi tan importantes como lo eran entonces, auténticos protagonistas en los tiempos en que se jugaban la vida cada vez que se subían a un fórmula uno, con la excepción de que seguirán estando a salvo dentro de sus coches, ya que la seguridad no se ha variado ni un poco. La estructura de los coches es básicamente la de aquellos McLaren-Honda o los Williams con los que corrían Alain Prost y Senna, en épocas doradas de la F1, donde todo podía suceder en una carrera, y donde obtener una Pole Position era una ventaja, no una victoria antes de tiempo. Aún quedan lejos, fuera del alcance, los tiempos en que el cambio de marchas era manual -sí, manual- y no con botoncitos ni levas, como ahora. Hoy día -y aún menos mal- lo máximo que tiene que hacer un piloto es ir cambiando el mapa motor (configuración preseteada de la relación de velocidades) o el reparto de frenada unas cuantas veces cada vuelta. Y que no os parezca abusivo, ya que Schumacher disfrutó de los tiempos en que las velocidades eran totalmente automáticas, prácticamente los ingenieros le configuraban automáticamente el coche desde boxes, y estaba activado el control de tracción, el asistente de aceleración, etc. (foto 4: Ferrari 2008/2009, foto 5 abajo: BMW 2008/2009. Los cambios son sustanciales.)

Pero bueno, todo llegará, nadie dijo que involucionar fuese una tarea sencilla. Ahora empezaremos a ver carreras como las de antes, las que hicieron de este sector del automovilismo uno de los más electrizantes y apasionantes deportes. Os dejo un extracto de Ayrton Senna corriendo la vuelta rápida en el GP de Mónaco en 1990, sin aerodinámica, con cambio manual, visto desde la cámara subjetiva. Si no os pone los pelos de punta es que no tenéis sangre en las venas...