martes, 9 de junio de 2009

Cine en el Río de La Plata

Puede que los primeros expedicionarios españoles sacaran erradas conclusiones de hasta dónde los llevaría el ascenso del Río de La Plata. Habían oído a los indios decir que remontando aquellas aguas se podía llegar directamente a las minas de oro y plata del Potosí, y fueron muchos los intentos por explorar los interminables meandros y bifurcaciones del Paraná, y las caudalosas aguas del Uruguay sin éxito. Puede que hoy día siga sin haber importantes yacimientos de plata en esa región, pero lo que sí es cierto es que hay una auténtica mina cinematográfica que crece sin parar en ambas márgenes del estuario.

Descubrí el cine argentino en esa época en que uno deja de ver las películas como un mero pasatiempo del domingo por la tarde o para un rato después de la cena, y empieza a rebuscar, a salirse de las rutas establecidas por los circuitos comerciales norteamericanos -éstos sobre todo- y europeos. Hay a quienes esa época les llega temprano, a otros les llega tarde, y bueno, a otros no les llega nunca, por eso películas como "Dos colgaos muy fumaos", "Hermanos por pelotas", o "Starsky & Hutch: La Película" llegan a llenar salas de cine, pero esa es otra historia. A mí esa época me llegó rondando los veinte años, con lo que creo que por suerte no perdí demasiado el tiempo. No voy aquí a hacer una recopilación sobre el cine de nacionalidad argentina, ni tampoco tratar de decir cuáles son las mejores películas argentinas de todos los tiempos, pero sí que voy a reseñar aquellas que me parecieron más originales, más valiosas, sobre todo cuando el resurgir de este cine fue justo a raíz de la debacle de la economía argentina entre el 2000 y el 2001.

La primera película de factura argentina que tuve ocasión de ver -y sin pretenderlo- fue "Bajo bandera" (Juan José Jusid, 1997), protagonizada por un entonces casi desconocido en España Miguel Ángel Solá. La película me causó buena sensación, era la primera vez que veía cine en español hecho fuera de España, alejado del estereotipo del cine español de entonces, por lo general castizo, sórdido, calenturiento, tópico y típico (salvo honrosas excepciones, claro). Lo que más me llamó la atención fue la naturalidad con que desarrollaban sus papeles todos los actores -y digo todos, extras incluidos- desde el carácter protagonista hasta el más simple cameo, cosa que más adelante comprobé que es tónica habitual en el cine rioplatense. No arriesgan a poner en sus películas -complicadas de producir- a cualquier imberbe que se presente con su cara bonita para el papel, aquello no era -ni es- España, aquí llueven productores, por eso allí en su mayoría son actores y actrices experimentados en el mundo del teatro y el cine los que protagonizan estas películas.

No recuerdo cuál fue la siguiente que vi, pero de ahí en adelante me tomé con mucho interés cualquier cinta criolla. Me acuerdo que vi una vez "Plata Quemada" (Marcelo Piñeyro, 2000), una película muy extraña y oscura, de gángsteres homosexuales, atracos y traiciones, con un final realmente apoteósico, protagonizada por Eduardo Noriega y el gran Leonardo Sbaraglia. Por aquel entonces también cayó en mis manos "Tango feroz: la leyenda de Tanguito" (también de Marcelo Piñeyro, 1993) fortísima historia de Tanguito y del nacimiento del Rock Nacional Argentino en una oscura época en el país, donde destacan la mano de su director y del clan de los Alterio. Pero fue un día que descubrí a un tal Ricardo Darín en una película alucinantemente retorcida llamada "Nueve reinas" (Fabián Bielinsky, 2000) que coprotagoniza junto a otro grande del cine argentino, Gastón Pauls. Geniales los dos, pero particularmente Darín merece mención especial, además de sus interpretaciones, me impactó el realismo de la película, la ambientación en el Buenos Aires corrupto pre-crisis del "corralito" de 2001. En adelante presté especial atención a su época dorada, con películas grandiosas como "La Fuga" (Eduardo Mignogna, 2001), tremenda película de presidiarios y túneles, "Kamchatka" (Marcelo Piñeyro, 2002) duro y suave drama familiar con la dictadura argentina de los ochenta como piedra angular del guión, "Luna de Avellaneda" (Juan José Campanella, 2004) cercana, humana y realista como pocas, o "El Aura" (Fabián Bielinsky, 2005), otra de las locuras maquiavélicas y perversas del gran polaco criollo fallecido prematuramente, con Darín como actor fetiche. No sabría decir cuál me gusta más, pero he de decir que a ninguna la calificaría por debajo del 7 sobre 10. Quizá "Luna de Avellaneda" sea el máximo exponente del Darín tipo, y de la película argentina tipo, además de que cuenta con un elenco enorme y envidiable, con actores y actrices de la talla del loco genial Eduardo Blanco, además de Mercedes Morán, Valeria Bertuccelli, José Luis López Vázquez o Daniel Fanego. Pero tampoco se puede dejar de mencionar a "Kamchatka", que te llega a encoger el corazón, o cualquiera de las demás anteriormente mencionadas. Luego pude descubrir con agrado a un buen Gael García Bernal en "Diarios de motocicleta" (Walter Salles, 2003), una película que no me esperaba, una excelente road-movie con parte de la vida de Ernesto "Che" Guevara como argumento, y que cuenta en el reparto con el gran Rodrigo de la Serna.


De Gastón Pauls quiero destacar, además de la colosal "Nueve Reinas", una que se atrevió a denunciar el drama vivido por los argentinos en la Guerra de las Malvinas, y hablo de "Iluminados por el fuego" (Tristán Bauer, 2005), drama bélico que expone claramente y sin tapujos, evadiendo el tabú que aún pesa en la sociedad argentina, el tema de los abusos de los oficiales sobre centenares de chicos enviados a pelear sin preparación ni medios contra los soldados de élite de la Royal Army británica, nada más que para tratar de afianzar la popularidad descendiente de un militar alcohólico e incapaz como Leopoldo Galtieri. Otra película fuera de estereotipos es "Roma" (Adolfo Aristarain, 2004), con unos excelentes Juan Diego Botto, Susú Pecoraro y José Sacristán, una película que, con la dictadura como telón de fondo, hace una profunda retrospectiva en la bohemia vida de un escritor bonaerense ahora afincado en España, con especial hincapié en su relación con su madre y su juventud en Buenos Aires.


Pero hay otras películas argentinas fuera de Ricardo Darín y de Gastón Pauls. Diríamos que ellos dos son los que estructuran el arquetipo del cine del Río de La Plata, sumados claro está a la genialidad de directores como Juan José Campanella -con películas como "El niño que gritó puta" (1991), rara avis que conocí gracias al blog de Gary Tormento A Tumba Abierta, o la magistral serie "Vientos de agua" (2006), con Eduardo Blanco y el ídolo Héctor Alterio a la cabeza- o el maestro del cine negro Fabián Bielinsky -con obras como "Nueve reinas" (2000) o "El aura" (2005)-, cuya edad de oro, los comienzos del siglo XXI, aún está en pleno apogeo, solamente mermada por la crisis económica global. Si lo que buscamos es cine de comedia -inteligente-, nuestro hombre es Juan Taratuto, el Woody Allen bonaerense, y su actor comodín Diego Peretti, el Al Pacino sudamericano. Para semejante dupla sin fisuras todo comenzó con "No sos vos, soy yo" (2004), hilarante, refrescante y natural comedia junto a Cecilia Dopazo y el genial, el maestro, el inimitable Marcos Mundstock. Luego vinieron "¿Quién dice que es fácil?" (2007) y "Un novio para mi mujer" (2008), buenas películas, inteligentes, pero que ya perdieron un poco la pizca "woodyallenniense" de ese humor autocompasivo, y se dejaron influir; en cierta manera; por el humor comercial típico de Hollywood.


Ahora, volviendo a lo que decía, dejando a un lado este cine "porteño", de capital, tenemos el cine patagónico -y de guiones agónicos- traído, sin hacer demasiado ruido, de la mano de realizadores como Carlos Sorín, principal artífice del cine rodado en las estepas de la Patagonia argentina. Su cine es un cine "de pobres", con actores no profesionales, pero con una extraña fuerza atrayente que sólo él le sabe imprimir a sus obras. La primera de sus grandes cintas patagónicas fue "Historias mínimas" (2002), con Javier Lombardo, Antonio Benedictis y Javiera Bravo. Estas "historias mínimas" son las que Sorín convierte en grandiosas: tres personas pasean sus penas y sus ilusiones por las interminables carreteras patagónicas, un anciano de ochenta años en busca de su perro "Malacara", un anodino viajante comercial de cuarenta años que lleva una tarta para el hijo de una viuda a la que pretende, y una joven madre de clase baja que viaja con su bebé a la ciudad para recibir un premio en un programa de televisión, un robot de cocina. Historias mínimas para nosotros, pero enormes para los protagonistas. Más adelante, Sorín enfatiza la soledad y la humildad de las gentes de la Patagonia con "Bombón: el perro" (2004), en un filme protagonizado por Juan Villegas y Walter Donado, soberbios los dos. Otra vez un perro -esta vez un espectacular dogo argentino- se convierte en las ilusiones y esperanzas de un hombre en paro. Luego llegó "El camino de San Diego" (2006), donde el director cambia las estepas por las selvas de Misiones, al norte de Argentina, donde Tati, un joven mestizo en paro fan de Maradona, decide llevarle en persona al astro del fútbol una talla en madera que lo representa, con motivo de su internamiento en la Clínica Suizo-Argentina de Buenos Aires. Lo que no sabe es que esa talla será su salvoconducto para salir de las más diversas situaciones en las que se ve envuelto. La película se basa, al igual que las dos anteriores, en las andanzas de su protagonista en el transcurso de su viaje, siendo todas ellas historias mínimas, pero cargadas de humanismo y belleza.

Incluso en el cine argentino hay cabida para obras maestras de la ciencia-ficción, como "Moebius" (Gustavo Mosquera, 1996) y que cuenta con un gran ingrediente extra: que se trata de un experimento de unos alumnos de cine dirigidos por su profesor. ¿El máximo exponente del hazlo tú mismo y fináncialo tú mismo en el cine argentino? Es posible, pero esta película -también descubierta gracias a A Tumba Abierta- es sobrecogedora, la desaparición literal de un tren de metro en Buenos Aires mientras hacía uno de sus rutinarios viajes está cargada de tensión, suspense, intriga y el calor sofocante de los túneles del "subterráneo" bonaerense en pleno verano austral. Y cuenta con un final temible.

Si se pueden enumerar las grandes virtudes del cine facturado en el Río de La Plata -y regiones circundantes- creo que lo hemos hecho ya: naturalidad, frescura, pasión, originalidad, realismo humano... y la consciencia de estar viendo algo que transmite de verdad, y cuando te levantas del sofá, la sensación de satisfacción es plena. No hay millonarios efectos especiales, pero no hacen falta. No hay actores y actrices superestelares, pero no hacen falta. Lo más parecido al cine argentino es... el teatro. Es teatro grabado que podemos ver, revisionar y pausar en el momento que queramos para no perdernos un milímetro de cada una de sus películas, porque rebosan detalles, que sólo podremos captar si vemos estas cintas una, dos tres, mil veces. Porque siempre apetece verlas de nuevo. Mi próxima película para ver será seguramente la uruguaya "El último tren (Corazón de fuego)" (Diego Arsuaga, 2002), con Héctor Alterio, Federico Luppi, Gastón Pauls... esto es lo bueno de este cine: siempre están los mismos, pero al menos los que están, es porque realmente lo valen.

5 comentarios:

RifRocKerZ dijo...

la de no sos vos... me la iba a ver esta noche... sabes cual te falta aquí? "El Viento se llevó lo qué", de morrer!!!

GARY LEE dijo...

Interesante. Me bajaré la de Tanguito, ¡¡menudo temazo "la balsa"!!, lo descubrí casualmente en los documentales argentinos "La Historia del Rock Nacional" (Sandro y los del fuego, Los Beatniks con la magistral "Revelde"...) si no los has visto te recomiendo que les eches un vistazo

Comparto tu admiración por el bonaerense Leo Sbariaglia desde que lo descubrí en "Intacto". ¿Has visto sus "Concursante" y "El Rey de la Montaña"?..No están nada mal.

Es una lástima la muerte del talentoso Bielinsky, 9-Reinas está bien pero la que me alucinó de verdad fue "El Aura". Se le auguraba un futuro expléndido.

Sigue así Fu.
Nos vemos...

Fuser dijo...

RifRocKerZ: No sé si la habrás llegado a ver al final, pero es una peli realmente entretenida. Diego Peretti es la leche, las escenas en la tienda de animales son para escarallarse. No te digo más. La peli que mencionas no la vi, pero desde ya me la apunto.

GARY LEE: La de Tanguito te va a gustar, seguro. Hay una secuencia en el vagón de metro que es un espejo de lo que era Argentina entonces. Para mí, él, junto a Charly García y Luis Alberto Spinetta fueron los artífices del rock austral.

"El rey de la montaña" la vi, inquietante de principio a fin... el principio es la leche!

Bielinsky apuntaba muy alto. "El Aura" es de esas pelis que, sin muchas pretensiones, al cabo de 20 minutos ya no apartas la vista de la pantalla. ¿Te acuerdas de aquel perro? Joder, alguien puede decir más sin decir nada? Para alucinar. "Nueve reinas" es más pacífica, menos encerrada, pero también tiene un final de 10. Un genio el polaco, una gran pena.

lynx dijo...

aaaah, genial esta entrada fuser ;)
he visto unas cuantas ya de ahí, buenísimas, y para las demás voy a ponr a trabajar el ares ya mismo :)

Hazel dijo...

De las que pusiste solo vi Nueve reinas, es buenísima! Me podrás recomendar alguna de las otras?

Por cierto, viste "Mi mejor enemigo"? Muy buena también.

Un saludo tio!